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EL BRILLANTE ROSADO

El brillante rosado

En la familia tenían una añeja tradición con una data de más de setenta años. Esta tradición tuvo comienzo cuando el abuelo de Micaela, hombre adinerado y por supuesto en una época donde el factor dinero tenía un valor por lo menos cien veces superior en comparación con su valor hoy día. En esos tiempos el citado señor adquirió un costoso anillo de platino el cual tenía engastado un raro brillante rosado de más de tres quilates. Micaela en este momento lo acariciaba entre sus manos, miraba embelesada el hermoso brillante que producía una miríada de destellos alucinantes que provocaba el reflejo de la luz en sus diferentes facetas.

La tradición

La expuesta tradición familiar comienza con el primogénito de mis abuelos. Mi padre recibe el referido brillante de manos de mi abuelo para que se lo entregue a su primera hija; mi hermana, mientras permanezca bajo el techo de su nacimiento, una vez que ella se case y forme familia aparte debe entregársele a la hija o hijo siguiente y así subsiguientemente. Por eso ahora la preciada joya se encuentra en mis manos. Hoy tenemos una pequeña fiesta familiar por motivo del cumpleaños de mi padre. Me encuentro en mi habitación terminando mi arreglo.

Indisposición

Inopinadamente en este día no pienso lucir mi bello brillante en esta reunión festiva, si me preguntan no sé por qué. Abro una gaveta de las de abajo de mi cómoda saco mi joyero y guardo el anillo, le paso llave y salgo de mi habitación. Al llegar a la sala ya había ambiente de fiesta, asomo una sonrisa saludando a los asistentes a mi paso. En el camino encuentro a mi padre y le doy un abrazo, el me toma de la mano- ven vamos a tomar una copa de vino- me cuelgo de su brazo y asiento- A nuestro paso tropiezo con un mesonero que lleva una bandeja en alto, el cual se disculpa azorado- perdone- no se preocupe no es nada- le digo-.

Como en acecho

Luego de más de tres horas bailando y conversando con todos, me tomo un respiro y me siento en el extremo de la sala, viendo el deambular de la gente bailando, riendo, tomando. En eso me fijo en el mesero que había tropezado conmigo o viceversa. Este me mira furtivamente, tratando de hacerse el desentendido o mejor simulando hacerlo. Definitivamente era un hombre guapo, tenía cierta prestancia con una mirada extrañamente incisiva, como si estuviera al acecho de algo, como una especie de aprehensión. Aparté la mirada y me entretuve en otras cosas, olvidando al individuo.

Termina la fiesta

Pasada la medianoche la fiesta llega a su fin- ¡Por fortuna! Ya no aguantaba más. Despedimos a todos, luego mis padres, mi hermana, mi cuñado y yo nos tomamos una última copa en la sala para después irnos a dormir. Abro la puerta de mi habitación me siento en la orilla de la cama y comienzo a desvestirme lentamente ¡estoy cansada y muerta de sueño! Me paro y me dirijo a la cómoda para recogerme el pelo, me siento frente al espejo y, es cuando me doy cuenta que la gaveta donde guardo el joyero está abierta. Alarmada abro la misma, rebusco en el joyero y ¡oh! No está mi anillo. Pego un grito- Papá, papá, papá me robaron el anillo-.

El robo del anillo

Mi padre llega corriendo- que pasa inquiere- el anillo padre se lo robaron- mi padre- calma. Me pregunta- ¿no viste a nadie entrar en tu habitación? –No papá – Todos somos conocidos- ¿Quién pudo ser? Ya son más de las tres de la madrugada- mañana veremos- vamos a dormir- no te preocupes- dice mi padre- En la mañana me despiertan sobresaltada unos golpes fuertes en la puerta de la calle- me levanto apresuradamente, me pongo encima una bata y me dirijo a la puerta- Abro, no veo a nadie, miro a un lado y a otro, cuando volteo para entrar, veo un paquetito en el suelo- lo recojo- termino de entrar- lo abro-.

El desenlace

¡Es mi precioso anillo! La emoción hacía temblar mis piernas- con él había una nota- Señorita; fue extremadamente difícil penetrar en su casa para robar su anillo- luego- de tenerlo en mis manos- no tuve corazón para hacerle pasar ese sufrimiento- Le ruego me perdone; solo dedíqueme un buen pensamiento. ¡Adiós!


mancha1

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