Brasil nos ha dejado claro, después de vencer a Croacia, que no es una selección competitiva, el problema es que ahora no sólo ha abandonado el puesto de gigante del futbol sino que se ha escudado como verdadero equipo chiquito en las ayudas arbitrales y la manipulación mediática que implica ser el país sede.

Después de una semana de dimes y diretes dentro de la FIFA donde se han expuesto los casos de corrupción en las elecciones para el mundial de Qatar 2024, después de que Blatter apareciera en cámaras con una sonrisa de "no pasa nada", después de que Dilma Rousseff se pasara por el arco del triunfo las protestas de sus pobladores y decidiera no aparecer en la inauguración para no recibir reflicha; después y a pesar de todo esto, hoy la FIFA muestra su descaro y da una bofetada al futbol para favorecer al local Brasil en su primer partido de este mundial.

La historia se contó con una selección de Croacia que salió a la cancha sin temores y habiendo dejado cualquier demonio en el vestidor para así vacunar con un contragolpe por la izquierda y un centro con ponzoña, razo de Olic que Jelavic pifiaría y favorecería a que Marcelo anotara en propio marco al minuto 11 de juego.

La festividad se venía abajo muy pronto para la grada amarilla de la Arena de Sao Paulo, los inventores del jogo bonito se metían en aprietos en un escenario que jamás previeron. Entonces tendría que llegar la ayuda divina, esa que acude y saca de aprietos a quien la precisa y debe verse favorecido. Al minuto 27 Neymar tira un codazo al rostro de Modric en una clara agresión que significaba dejar a Brasil con 10, pero Nishimura, árbitro y orquestador de la obra de FIFA no podía ir en contra del oleaje y decidió dejar en una amonestación. Dos minutos después, Neymar, quien debía estar en las regaderas, sacaría un tiro chorreado de fuera del área para vencer a Pletikosa que, sin ser enviado de Blatter, se vio cómplice al no atajar semejante tirito.

La obra no podía estar completa con un simple empate, tenía que llegar algo más, algo que reviviera la pasión de los locales enardecidos y los volcara totalmenten en favor sin cuestionar las formas. Tenía que suceder la canallada que demostrara que los futbolistas en cancha no mandan, tenía que marcarse un penal a favor de La Canarinha. No importó que Fred, uno de los troncos más sobrevalorados del pambol, aflojara el cuerpo y fingiera una falta que todos, menos Nishimura, vimos. ¿Y quién podía dar cierre a esto? Quién más sino Neymar, ese delantero que sale mucho en revistas y juega poco o nada, así debía pasar.

La puñalada estaba hecha, la obra terminaría de manera que se pudiera excusar el resultado y esconder la basura de quienes manejan este deporte, terminaría con un gol más de Oscar, quien se animaría a soltar un punterazo lejano de la portería para encontrar de nueva cuenta la bondad de un Pletikosa que simplemente olvidó cómo parar.

Lejos están los días donde Brasil barría, ganara o perdiera se iba con el cariño de la gente por la calidad y espectacularidad de su juego. Crecí viendo jugar a Romario, a Ronaldo, Bebeto, Rivaldo, Cafú, Roberto Carlos; a un Ronaldinho y un Kaká que sin problemas podrían estar dentro de los 23 y podrían darle un poco de dignidad a esta selección. Ahora mismo, Brasil no es más que un equipito de barrio, es una pena.

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