BORGES Y EL FINAL DE LA LITERATURA


Jorge Luis Borges nunca escribió novelas. Cuando le preguntaban cuál era la razón de esto expresaba los siguientes motivos: Haraganería y falta de talento para el genero (vaya humildad). Existe otra razón. Una razón que, o bien le escuche dar a Borges, o bien imaginé. De todas formas, este motivo está implícito en varios de sus cuentos.

¿Para qué escribir una novela si podemos fingir que ya está escrita y escribir un análisis, o una obra más corta, que hable acerca de la novela imaginada?


Borges puso a prueba este método con una eficacia notable.

De hecho, no solo fingió que existía una novela inexistente sino que fingió que existía un escritor cuya obra completa reseñó para dar vida al cuento titulado "Examen de la obra de Herbert Quain".

En "Tlön Uqbar Orbis Tertius" Borges narra como él y Bioy Casares (personajes del relato) encuentran, en una edición perdida de un tomo 26 de la Enciclopedia Anglo-Americana, los datos de un país llamado Uqbar. Finalmente, los amigos escritores revelan la geografía, la física, la filosofía, las artes y otros aspectos de este lugar imaginario.

Una vez más Borges juega con el concepto de verosimilitud llevándolo al límite. Una vez más escribe a partir de un supuesto existente ahorrándose páginas para hacer que sus personajes descubran ese mundo de ficción.

En un ensayo titulado "El acercamiento a Almotásim" Borges analiza una novela que pertenece, simultáneamente, al género de aventuras, al género policial y al fantástico. Lo cierto es que la novela nunca existió.

"Pierre Menard autor de El Quijote" es un cuento en el que se plantea la existencia de un hombre que quiso llegar a escribir "El Quijote" (tal como lo escribió Cervantes en su época) emulando, en un principio, las conductas del escritor español (más precisamente, deseaba que le pesaran las mismas cosas que a Cervantes y así pensaba llegar a recrear el famoso texto). Después, Pierre Menard, decide llegar a escribir la novela pero a partir de sus propias experiencias.

Este camino corto y, a la vez, complejo, que toma Jorge Luis Borges. Este camino que da una vuelta de tuerca al concepto de obra literaria llevándolo al terreno de una relectura de algo previamente diseñado por el autor. Que lleva al texto a ser un meta texto. Un texto sobre un texto. Este camino me lleva a creer que, en este tipo de cuentos y ensayos, se haya oculta una concepción definitiva de la literatura. Una concepción que implica la destrucción de la literatura tal como la conocemos.

Los infinitos prólogos que escribió Borges están recopilados en un libro que se titula: "Borges, Prólogos, Con un Prólogo de Prólogos". Prologo significa "Antes del discurso". Una vez más los textos, si bien son reales, aparecen en este libro introducidos por un texto que los reseña (y eso que estamos hablando de prólogos). Los textos de los que hablé antes, vendrían a ser una especie de post logos (por no decir epílogos que tiene la connotación de algo final). Pero, de todas formas, el prólogo es lo último que se escribe de un texto. Lo que está espacialmente antes del discurso es lo que, temporalmente, está después de este. En definitiva, se podría pensar que, llevando este proceso de textos que hablan sobre textos hasta el infinito, podría existir un prólogo del prólogo del prólogo y así sucesivamente. Lo mismo hablando de los cuentos que son reseñas o análisis de obras supuestamente escritas, podría existir la reseña de la reseña de la reseña y así hasta la eternidad. Y eternidad es la palabra clave.

Afirmando que, por fines prácticos (y aunque no se dé siempre se da en al mayoría de los casos) el análisis de la obra debería ser más corto que la obra en sí y, a su vez, el análisis de este análisis debería constar de menos páginas o párrafos o líneas que el texto que analiza. Y si, como dije, esto se repite hasta el infinito, llegaríamos al punto en el que el texto o post-texto (emplazado sobre sus padres imaginarios que no tienen porque existir) llegaría a constar de una página. Y, finalmente, de un párrafo. Una línea. Cerca del final, tendríamos un libro de una palabra.

Y, en el final, un libro sin palabras.


La operación es infinita pero, lo que viene después de un libro sin palabras, paradójicamente, no puedo expresarlo con palabras.

La teoría es al siguiente:

¿No es ese libro sin palabras el súmmum máximo de la literatura?

¿No es la verdad literaria?

No sería ese libro sin palabras el mejor texto jamás escrito.

Decir más con mucho menos. Con nada.

Decir todo con nada.

¿No es dios acaso un silencio que vaga por el mundo? ¿No está la verdad hecha de silencios, de todos los silencios?

¿No es dios ese viento silencioso que invade nuestras almas todo el día?

Tal vez el mejor texto, el súmmum literario, no está en un libro sin palabras sino en un texto que nunca se escribió. Un libro que vive en la imaginación de un escritor anónimo, en la mente de un ser que sueña. O en el libro que el narrador perdió en el viento de una tarde olvidada. O, tal vez, el mejor texto sea uno que no existe y que habita, como una nada sin nombre, en todas las personas de este mundo. Y como no existe puede ser todas las historias jamás creadas, todos los libros jamás escritos.

Y, como no existe, puede ser todas las cosas.

Borges y el hotel infinito

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