Como dijo alguien con alma de poeta, BORDAR es pintar con puntadas sobre tela.

Desde tiempos antiguos, el hombre se ha adornado, buscando la belleza y la armonía en su persona. Y también pronto comenzó a adornar los vestidos con los que se cubría, con conchas y abalorios.

La aparición de las primeras prendas textiles, la necesidad de proceder a su embellecimiento lleva a coser elementos en las mismas y más tarde a adórnalas con hilos de oro y plata, creando bellos dibujos. Y aunque quedan pocos vestigios de épocas más antiguas, pero los testimonios escritos y los grabados nos hablan de telas suntuosas y ricos bordados.

De Grecia a Roma, de Bizancio hasta nuestros días una prenda bordada se considera una prenda enriquecida.

Por su factura los bordados son: lisos, que no sobresalen del textil; bordado en realce que presentan relieve; aplicación: bordado que se cose sobre la prenda.

Los principales puntos que se utilizan para bordar son:

Vainica: en la que se cosen los hilos extraídos previamente.

Punto de cruz: en el que se hacen dibujos con cruces.

Punto palestrina: un punto de nudo sencillo.

Punto de cadeneta: punto que se asemeja a una cadena de ganchillo.

Punto de Parma: varias cadenetas que se rellanan con un festón.

Realce: bordados con bastidor de motivos florales.

Frunce: el bordado de nido de abeja.

En resumen el bordar es una arte de ornamentación, en el que una base flexible, normalmente textil, en la que mediante hilos, abalorios u otro tipo de adornos cosidos, para enriquecer y embellecer la tela que sirve de soporte.

Se puede utilizar desde el humilde hilo de algodón, hasta los ricos hilos de metales preciosos.

Se pueden bordar motivos florales o imágenes, cualquier dibujo es posible en este arte, todo depende de la habilidad y la imaginación de la bordadora.

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