Lástima que Bogotá, D.C., la capital de Colombia, con una altitud de 2.600 metros, se haya alterado de manera irreversible ese clima "natural" del frío tan acogedor para unos y tan aburridor para otros, pero transitar a pie, por ejemplo, por Chapinero (un barrio tradicional de Bogotà, construido al pie de la cordillera central), entre las 6:P.M. a 9:P.M, y sentir un bochorno, una calorcita constante nada común, es para inquitarse y quedar de por vida preocupado, porque definitivamente, cuando antiguamente se sentía ese frìo rico que  hacía titiritar el cuerpo, incitando a un buen chocolate caliente, o un aromático tinto, o un "pringesito", o sea un aguardiente doble, pero el proceso de calentamiento  de nuestro planeta no hay quien lo detenga. Ayyyy de  Bogotà, cuando escucho noticias como que existe invasiòn de hormigas, foràneas, ora de zancudos, ora de mosquitos y, que subiendo para Bogotá, se han encontrado serpientes propias del clima templado, y muchos otros animales de origen cálido. Por lo que observo, y siendo pesimista es poco lo que se puede hacer, pues la cultura preventiva  de cuidar nuestros recursos naturales y evitar la contaminaciòn industrial constante del medio ambiente debió hacerce desde hace màs de 80 años, por lo menos, sin embargo debemos cuidar y recuperar lo poco que se pueda salvar, lo poco que nos queda.

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