El malecón

MI BODA EN CUBA


   Era ya de noche cuando aquel 18 de junio de 2012, el avión aterrizaba en el aeropuerto de Jose Martí, en La Habana. Dos días antes habían decretado y puesta en marcha la ley de que ya no se podía pasar comida a Cuba, así que 23 kilos de comida los dejé en España y tuvo que emplear esos kilos en llevar ropa, medicinas y regalos a la familia y amigos de tan hermosa isla.

   Nada más salir del avión, la bofetada de calor húmedo que sentí, como tantas otras veces que había ido, me dejó sin respiración unos segundos pero pronto mis pulmones se acostumbraron a esta característica de Cuba. Después vino el aguantar esa cola interminable de inmigración y por último la tediosa espera de el equipaje, aunque esta vez, la cuarta qeu íba, no tuve que esperar pues mi equipaje allí estaba esperandome. El nerviosismo y la expectación por la acción de lo que iba a hacer era más que todas estas pequeñas incomodidades.

   Una amiga, complice de este viaje, me esperaba en el aeropuerta ya con el cohe en marcha. Llamamos a su novio y le informamos que ya íbamos para allá que aguantara unos minutos más a "El novio". Raudas recorrimos las calles de Cuba hasta llegar al lugar. Cuando nos acercabamos donde nos esperaban me escondí en los asientos traseros para que cuando entraran los chicos me descubriera allí.

  La sorpresa como queríamos no salió por que cuando me tenía que incorporar para decir ¡SORPRESA! se me engachó el vestido y si tiraba me qeudaba desnuda delante de medio Cuba. Así qeu ante la sorpresa de verme allí acurrucada en el suelo del coche por fín pude salir del mismo ante el asombro de "El novio" el cual el pobre no daba crédito y me tuve que colgar de su cuello cual mono se agarra a sus madres.

   Una vez superado esto nos fuímos a cenar y después pusimos rumbo a Guanabo, a casa de mu futuro marido, para descansar.

   Al día siguiente empezó el caos de movimiento de papeles y un corre corre para poder casarnos en la fecha que queríamos. Estando en el despacho de la abogada que casa a los internacionales, allí en Línea, nos miró y nos dijo: Chicos estáis de enhorabuena, tengo un hueco el día 29. Estabamos a 27. Y vuelta a correr para preparar a los invitados, buscar lugar donde celebrarlo, comprar la comida para el catering el cual hizo muy bueno mi querida suegra y ufff todo lo que conlleva esas cosas. Lo peor que uno de los testigos finalmente no pudo y a última hora tuvimos que ir corriendo a buscar otro. 

   La noche anterior llovió que aquello parecía el diluvio y yo con mucha pena por que jope! yo quería sol. Ya esa misma noche empezó los preparativos de belleza de "La novia", o sea yo. Lavarse el pelo y hacerla turulos para que se le rizase con papel de periódico, manicura y pedicura y horror! la chica que me íba a pintar no podía por que tenía que trabajar en el Teatro. No importa, respira y tranquila en Cuba siempre se ofrece alguien y así fue. La vecina se ofreció a madrugar y pintarme, por suerte yo quería un maquillaje discreto.

   Ya por fin amanece en Cuba y es el gran día. Sol por doquier. Genial! yo en la habitación recluída y "El novio" preparándose en el baño. El abuelo de "El novio" no quería que nos viesemos así qeu al pobre lo mandó al lugar de la ceremonia en carro mientras que yo me acicalaba en la casa. 

   Terminada la chapa y pintura de "La novia" viene el testigo varón para llevarme a la guagua que nos va a llevar a mí y a algunos invitados hasta el lugar donde nos esperaba "El novio" y algunos invitados más.

   La sala era pequeña y con unas 20 personas allí metidas el calor se empezó a sentir. El único aparato que habí no daba demasiado aire así que las amigas de "El novio" muy amablamente me daban aire por debajo de la falda por qeu si no me iba a desmayar. Ya viene la jueza y al leer el texto el nombre de uno de los testigos está mal. Ya íbamos con media hora de retraso y vuelta a la espera. Otros 20 minutos para cambiar eso. Ya por fin y definitivamente viene la mujer con el papel correcto y ya pudimos plasmar nuestra firma.

   Ya salimos todos y mientras los invitados se montaban en la guagua alquilada la testigo, su novio, la fotográfa y "Los recien casados", es decir nosotros, nos fuímos atomarnos una piña colada vírgen al Hotel Nacional y luego paseíto por el Paseo del Prado y El Malecón para las fotos. Ya por fin llegamos y con el calor que hacia "La novia", con ayuda de algunas amigas, se va a cambiar el vestido y cuando regresa comienza la fiesta!!!

   Y así fué como comenzó mi vida feliz como mujer casada de este niño tan maravilloso y fué la boda que realmente quise tener. Sencilla, bonita y alegre! 

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