El comercio nacional e internacional nos ofrece un Black Friday para derrochar. Puedes comprar de todo lo que les interesa vender con descuentos atractivos para los compradores que nos volvemos compulsivos al ver los grandes carteles anunciando precios tirados. Encima, las navidades están cerca. Es un buen momento, como dicen los comerciantes, para adelantar esas compras de regalos que harán felices a nuestras familias.

No se lleva la moderación en el gasto en esta sociedad nuestra de un Black Friday para derrochar. Estamos en la economía del derroche. Nos dicen por todas las esquinas que no podemos ser felices si no vamos vestidos a la última moda, si no tenemos el coche recién salido al mercado o si no vivimos en esa casa financiada con una hipoteca que nos ofrece todas las comodidades.

La austeridad no se lleva en esta sociedad donde prima el consumo a todas horas. No eres nadie si no tienes el patrón de consumo que está a la moda. Que no se te ocurra invitar a tus allegados a un hogar sin esa calefacción que lleva a muchos a no llegar a fin de mes en números negros. En esta sociedad se llevan las deudas ocasionadas por el consumo desaforado de los días de un Black Friday para derrochar y de otros días que también son para derrochar.

Es obvio que servidora no participará en ese Black Friday para derrochar. Soy austera. Cuando compro una cosa lo hago por necesidad, no por ese gastar por gastar que tanto se lleva. Me niego a contribuir a expandir el capitalismo consumista que nos malgobierna desde entidades financieras y grandes empresas multinacionales. Lo malo es que soy casi la única. Los demás han caído en las redes de esos Black Friday para derrochar.

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