Ella con una taza de té en la mano, asomada al ras de la ventana veía una espléndida vista de la ciudad. Pensativa, silenciosa, más silenciosa que pensativa, ni triste, ni alegre; buscó en su pequeño bolso dorado la cajetilla de cigarrillos mentolados, que le dieron en la tienda roja, por no tener de los de siempre.

Sacó un cigarrillo, desde hace unos días casi ya no fumaba, se dirigió de nuevo a la ventana con el té caliente y el cigarrillo, silenciosa más que pensativa, lo prendió, mientras veía oscurecer la tarde, el aire, la montaña y las palomas.

Una ráfaga de luz la abstrajo de su mente en blanco, de su mirada en nada, solo estaba allí de pie con sus manos aferradas a la taza de té aún caliente; era una foto que él le había tomado con una Nikon profesional, se le acercó también en silencio y la abrazó por detrás, rodeándole la cintura, en silencio los dos miraban el oscurecer de la tarde, del aire, la montaña, las palomas.

Duraron un tiempo así, sin saber cuánto, él se paró en frente de ella, tomó sus manos frías, siempre las tenía frías, él las enrolló en las suyas como se hacen los hojaldres de queso, la miró, la miró como nunca ella había notó que la mirara antes. Ella se detuvo en su cabello café con visos más claros, y más oscuros, recientemente peluquiado, lo usaba medio largo desde su llegada a la ciudad, sus ojos claros con pestañas negras y largas bordeaban una mirada limpia; él se acercó lento a su rostro, no pidió permiso con canciones ni cuentos, ella continuaba más SILENCIOSA que PENSATIVA.

La besó suavemente en la mejilla, luego en la otra mejilla, en la cumbiamba, como él le decía, y en la frente; la taza de té y el cigarrillo, los puso en la mesita al lado, tomó sus manos y la abrazó para bailar el blues que sonaba, era casualmente el de Junior Wells, ese suavecito, lento y rítmico. La miró con agua salina en sus ojos, conmovido sin decir nada, bailando lento, él no estaba ni triste ni alegre, más bien melancólico, ella bailó con él, pensando en él.

Oscureció entrando por la ventana la luz nocturna de la ciudad, sin luna ni estrellas, había pasado un tiempo sin saber cuánto, lo suficiente para dos blues lentos, rítmicos, al fondo la voz desgarradora de Wells.

Se detuvo despacio, la volvió a mirar con el tipo de firmeza que tienen los hombres en algunos momentos, ella silenciosa más que pensativa, él subió sus manos al cuello la rodeo con ternura y la acercó, acariciándole con los dedos pulgar las mejillas, se acercó despacito y la besó en el labio superior, bajó al labio inferior, y la absorbió con calma, una y otra vez.

Le tomó las manos de nuevo llevándoselas a su espalda como cuando esposan a un detenido, la recostó en la pared, ella sin resistencias movió sus labios como si dijera algo perdido en la cavidad bucal de él, quizás el eco bajó al corazón y se besaron por primera vez, se besaron por fin, el mensaje llegó acolitado por la sangre palpitante, triunfante, y él respondió, no dijo te amo, como sería lo esperable, dijo algo mejor: te cuidaré porque eres mía.

la besó!!

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: