Enmudeció, se acababa de enterar de una verdad que en el instante en que la escuchó, no logró, ni percibió, ni alcanzó ni siquiera a intentar, saber cómo asimilar.

En los últimos años ella se interesó abiertamente, en saberse bella, sexy, linda; esas cosas que buscan las mujeres y que parecieran tan superficiales, pero que a la larga están arraigadas de formas muy profundas, arcaicas y misteriosas, en la esencia femenina; es que lo femenino es, en sí mismo, bello, lindo, sexy, y no al revés.

Ella se había montado en una especie de viaje interior, con sus correspondientes reflejos y ecos exteriores, casi como una cirugía estética existencial; si ahora era mejor o peor, no era algo que se pudiera decir, en esa dimensión o escala; simplemente, era ella en otro tiempo de su vida, era ella de nuevo, perfecta pero en otra etapa de su existencia.

Lo femenino en sí mismo es bello.

Recordó a esa hora, que a su papá no le gustaba cuando su mamá se cortaba el cabello, le molestaba mucho, y ella, cada vez se lo mochaba más cortico; tampoco recordó que él la halagara alguna vez, como si de manera intencional cuando ella esperaba un piropito, él callara.

Era todo un diálogo de acciones y reacciones, como una batalla que ella no entendía entonces, qué era lo que en sí se decían; era más bien, cómo si algo hubiese pasado entre ellos dos, porque a veces en silencio ella veía como su papá veía a su mamá, con ese brillito en los ojos que lo decía todo.

En cada tiempo, en cada era, en cada cambio, en cada edad, la mujer revela a través de su feminidad, su inescrutable, inconmutable belleza. ¿Cómo se puede decir que un bebé no es hermoso, o que uno es mejor que otro, estéticamente hablando? O ¿quién diría que sería mejor otro hijo o hija en cuanto a su belleza?

Lo mejor es sencillamente lo que es para uno, y de uno, sin comparación, sin estándar.

Es su trascendente, precisa y perfecta porción en la eternidad del tiempo y eso es la suficiencia de la mirada; también, de la BELLEZA.

La belleza está intrínseca a algunas esencias vitales, porque ella es la esencia vital que hace al universo posible, como la inocencia, la vulnerabilidad, la feminidad, la nobleza y la mirada; para ser nombrada debe de ser vista, y esto solo será como una especie de privilegio celta, para el que la quiera ver.

Esa es una certera verdad con sabor a sentencia, para ambos: hombre y mujer. El hombre busca la belleza y la mujer busca al caballero, como un circuito, un círculo del universo, un juego del deseo que nos vincula a todos.

Cada cual, hombre y mujer, definen dentro de qué paradigmas permiten, que habite lo que ellos buscan y lo que de ellos se requiere en el amor.

Esta señorita se interesó dedicádamente, no solo en lo que puede indicar para una dama, saber lo que ella posee: ese don indilgado por lo divino, sino que en el fondo también esperaba una palabra especial del hombre, aquel por el que ella suspiraba, tan solo como una voz que resonara en la atmósfera de su tierra; esa palabra, seguro no la haría, más o menos femenina, solo quizás, algo y un poco más, sonriente, es decir, algo y un poco más, bella.

La piropeaban otros hombres, … cómo estás de bonita, qué hermosa eres, hola linda, especiales e intrascendentes a la vez, pero había otros halagos de una índole mayor y mejor, con un poco más de ingenio o sensibilidad o estrategia, o lo que fuera, que hacían que ella los escuchara, como esa melodía de Brahms que la atrapaba en algunas mañanas de serenidad y de tierna calma: cómo me devasta y me devuelve la vida esa mirada que tienes, tu sonrisa me ancla a lo que no he encontrado, tu cintura es como un anhelo de refugio , waw!!

Ese ere el talante, la verdad era que había quienes hacían de un halago, o de un simple piropo, un poema digno de Cyrano de Bergerac, que daban un sentido suficiente al uso de las palabras, que le recordaban la diferencia esencial que nos hace una especie superior a la de los anfibios, eso sí con competidores tan célebres en el romanticismo como el pez globo japonés; pero, ¿para qué hace esto un caballero?

Quizás sea solo posible, esa especie de creación que brota de sus labios, en el momento en que un caballero, un hombre que ejerce ese poder que tiene frente al universo, se enviste de su nobleza existencial como caballero y se conecta con la BELLEZA esencial de la mujer que habita el espacio de la posibilidad, y lo habita a él en el campo del desafío dulce del amor.

No cabe decir si es mejor, si es más, si es menos, si tiene, o no tiene; no es lo fundamental. Finalmente la palabra cimienta una realidad y de paso un suspiro.

Le decían variados halagos tanto otras personas que eran sus amigas y amigos, como transeúntes casuales, evidentemente eran un poco menos líricos y algo más terrenales. Pero poéticos o corrientes, ella a veces, de cuando en cuando, se paraba frente a un espejo, quizás como la madrastra de Blanca Nieves, insatisfecha, incompleta, y se miraba y se sonreía, y suspiraba y comía ciertas cosas para estar más linda, y se aplicaba elementos extraños para saberse sexy y se cuidaba de ciertas cosas, mientras caminaba al lado de entender que algo interior de ella se reflejaba en sus ojos, su cabellos, su boca, sus piernas, su cintura y ese era su especial encanto, único, particular, incomparable: su BELLEZA de mujer.

Aquella noche, en medio de una conversación casual, el hombre por el que ella suspiraba, le dijo sin reparar ni en media palabra: oye, luces un poco mayor a tu edad, puede ser por lo que has adelgazado, te he dicho que engordes porque yo te prefería como eras antes, más rellenita… no sé, te prefería así para amarte, porque una mujer siempre es mejor si es generosa en sus carnes, pero la primera vez que te desnudé, supe que estás muy delgada, me parece que antes eras mejor estéticamente.

Fue como la imagen de algo similar a una bomba atómica, cayendo en la mitad de su sala, ella estiró la alfombra y enmudeció y fue un impacto similar al que ocurre en la película sobre el libro de La Casa de los Espíritus, en el personaje interpretado por Meryl Strep, cuando recibe una cachetada de quien era su esposo, y su amor, personaje interpretado por Jerimy Irons. Ella decidió callarse, y no volverle a hablar; recibió como un golpe muy bajo, casi como una cachetada del hombre por el que ella suspiraba.

Ella se sabía BELLA, SEXY, LINDA, y una mujer especial y única, creativa y divertida, pero definitivamente no le permitía a él, no podía simplemente dejar pasar, que el hombre por el que ella suspiraba fuera tan amplio en palabras para decirle cosas tan poco halagadoras, cuando nunca tuvo una palabra para darle una rosa en un verso, ni para decirle un solo piropo sobre su BELLEZA.

bella, sexy,linda

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