Belén realizado con arena

BELÉN Y NAVIDAD

Para la Iglesia, en realidad, todos los días se celebra que nace, muere y resucita Cristo; es decir que todos los días se celebra la Navidad, como si Dios nos diera una nueva oportunidad de acoger a Nuestro Señor Jesucristo en nuestra vida. Es por esto que todos los días deberíamos reconstruir el Belén –el Belén interior–, bien haciéndolo de nuevo o añadiéndole más significado. Pero hemos de señalar un día específico cada año, un tiempo de fiesta que marque ese día tan señalado y le dé relevancia para recordarnos que esto sucede todos los días: Éste es el día de Navidad.

Llevo meditando varios días sobre el Belén y ya se va a pasar la época de Navidad sin sacar a la luz mis pensamientos:

El Belén que siempre ponemos en casa es una realidad del Belén que llevamos en nuestro interior; un reflejo de nuestro corazón: Si lo hacemos simplemente por tradición, porque son las fechas y toca, es que estamos muy lejos de su significado, del valor de la Navidad y del nacimiento de Jesús. Seguramente pondremos un Belén pobre en un rincón para cumplir con el trámite (muchos no pondrán ni Belén ni nada que se le parezca). En cambio, si sucede lo contrario, es que nuestro corazón está expectante y agradecido a Dios, porque por estas fechas decidió enviar a su Hijo para nuestra salvación.

Todo esto, si no se pasa por el tamiz de la fe, es pura tontería; porque si no crees, lo que harás será comer y beber porque son fechas en las que toca estar en familia, y además, de darse la juerga padre.

Ahí se queda el significado de la Navidad; esto no es un reproche ni una crítica para nadie, pues Dios nos hizo libres y libremente decidimos qué es lo que tiene valor y qué es lo que no; incluso te diré que muchos que dicen llamarse creyentes no saben exactamente qué significa el Belén y qué representa; pues igual que Dios decidiera convertirse en Hombre de una manera increíble y con una historia aparentemente fantasiosa, pero profundamente real y magnífica a través de los ojos de la fe, depende mucho de tu fe interior el hacer un buen Belén desde dentro del corazón, que una obra fantástica de artesanía.

La imagen de nuestro Belén interior

 Inicio del BELÉN

Vamos a introducirnos en el misterio sin un orden establecido –pues cada uno construye su Belén en un orden determinado–; pero eso sí, todos partimos del mismo principio: Una mesa, una tabla o un rincón del salón totalmente “desnudos”.

Desnudo y vacío son signos de pobreza, tal y como vino el Niño a nuestra vida; para que el más pobre de entre los pobres se pudiera identificar con Él y así abarcara a toda la humanidad. A su vez, Desnudo y vacío ha de estar nuestro corazón. Desnudos también vinimos nosotros al mundo, pero ¿Cómo está nuestro corazón? Debiera estar desnudo también, libre de ataduras y cargas, de preocupaciones e inquietudes, pues si supiéramos que va a nacer Dios en nuestro corazón, sabríamos que Él cargaría con todo el peso que llevamos encima y nosotros podríamos vivir libres de ataduras y problemas.

También nuestro corazón debería sentirse pobre, débil; pues el Niño viene para los más pobres, y si nosotros estamos saciados, no necesitamos que Jesús nazca en nuestro interior. La desnudez de la mesa, de la tabla o el lugar donde vayamos a poner el Belén, nos llama a sentirnos pobres mortales que carecemos de lo más importante: La Vida Eterna que nos trae Cristo (todo lo demás es temporal y pasajero).

El segundo paso es ponerle los pañales a nuestro corazón desnudo y pobre para que no tenga frío, para así iniciar el anhelo de parecernos a Jesús. Es en este momento cuando ponemos una sábana o algo parecido sobre la base de nuestro Belén.

¿Qué paso seguir ahora? Ya he dicho que el orden es lo menos importante, pues lo realmente valioso es a lo que nos llama el Belén; todo lo que trae a nuestras vidas. Nosotros empezaremos por poner de fondo el cielo y luego los corchos simulando las rocas y montañas, la tierra, la hierba e incluso un río. A continuación alguna casita, una lavandera en el río, algún animal en los corchos e incluso en la tierra. Estamos creando el Universo expectante, que espera al Niño que llega y reconociendo a Dios como creador de todas las cosas; incluso de nuestra vida, santificando así toda la naturaleza y todas las maravillas que Él ha hecho con sus manos.

Figuras principales del Belén

El Belén y su Misterio

Una vez realizado el agradecimiento a Dios por todo lo que nos da para pre-vivir la eternidad, ponemos el misterio; ¿porqué llamarle misterio? Porque es un verdadero misterio el que se ha producido con María y José y porque va a ser otro misterio el que el Creador del Universo se haga bebé, débil, pobre y se presente ante nosotros exactamente igual que como somos nosotros. Pero este misterio tiene respuestas, muchas respuestas para nuestra forma de vida; cómo ha de ser si queremos vivir felices y plenos:

  • San José, el Justo José. El hombre que, escandalizado, tenía pensado abandonar a María y dejarla a su suerte. El hombre que sería el hazmerreír de su pueblo, la burla y la vergüenza por casarse con una mujer embarazada antes del matrimonio –cosa que en aquellos tiempos era un escándalo– y que a lo mejor pensarían que ni siquiera era de él. Sin embargo recibió una señal del cielo tal y como nosotros la hemos recibido tantas veces a lo largo de nuestra vida. ¿Y qué hizo San José? Simplemente obedeció, porque lo que le pasaba a María, era algo que Dios tenía preparado, y en el que él iba a tener parte importante; de ahí que se le llame el Justo José, porque se ajustó al plan de Dios por encima de los planes que él tenía y que eran bastante diferentes al nuevo plan que Dios le proponía. Así en estos términos, San José nos invita a nosotros mismos a la obediencia, a “ajustarnos” al plan de Dios y buscar sus señales; a obedecerle por encima de nuestros propios planes y cambiar nuestra forma de vida si es el deseo de Dios.
  • El buey, fuerte; animal de carga y trabajo, que representa al pueblo judío; a Israel, que significa “fuerte con Dios”; porque el Niño era judío, descendiente del mismísimo rey David; es decir, tenía sangre real (Rey de reyes) y porque formaba parte del pueblo elegido por Dios.
  • La mula, considerada como el animal más simple de la tierra, que representa a los gentiles, a los no elegidos como pueblo –que somos nosotros, los que no somos judíos–; de esta manera, el misterio nos dice que el Niño viene para toda la humanidad sin descartar a nadie; es decir, para creyentes y no creyentes, ricos y pobres, sanos y enfermos. Ninguno se escapa de la lista. Hasta el más culpable, el más despreciable, aquel que se merece el peor castigo de la ley, entra en el plan de salvación de Dios. Todos, absolutamente todos, estamos dentro de ese plan de Amor.
  • María, ¿Qué decir de María? ¿Cuáles eran los planes de María? Ella tenía pensado ser una virgen, una mujer consagrada y dedicada al templo (lo que hoy podríamos asemejar a una monja); sin embargo Dios tiene otro plan; más bien, ha pensado para ella algo tan contrario a lo que ella esperaba de su vida, que cuando el ángel la visita y le comunica el plan de Dios ella se sorprende, se asusta y ve truncados todos sus anhelos. Aún así da su “Sí”; libremente entra en los planes de Dios y asume todas las consecuencias de su nuevo futuro: joven, soltera, embarazada y vergüenza de su familia y de todo el pueblo; pero alguien que lleva en sus entrañas al Hijo de Dios. María es la humildad, pureza, la inocencia, la obediencia... María es tantas cosas en el Belén, que nadie más que su hijo la supera. María llama a nuestro corazón a ser todas esas cosas, que no son nada más y nada menos que una invitación para buscar la santidad.
  • El Niño. “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (palabras pronunciadas por ese Niño, siendo ya un adulto). Dios viene a nuestra vida como un niño y nos pide que seamos niños como Él.

Camino de Belén

Finalizando el Belén

Continuemos con más figuras del Belén para finalizar:

  • Los Reyes Magos, que en realidad eran magos, pero que se les añade la condición de realeza, porque supieron interpretar las señales y adivinaron que llegaba un ser divino: el Hijo de Dios. Por eso fueron a adorarle y darle sus presentes de reconocimiento: Oro por ser Rey, Incienso (el aroma del cielo) por ser Dios y mirra (ungüento para embalsamarlo) como reconocimiento de que era hombre y que iba a padecer, sufrir y morir como nosotros. Los Reyes Magos nos invitan a recordar, que según las escrituras, estamos llamados a ser profetas, reyes y sacerdotes; es decir, a reconocer a Jesús como el verdadero Hijo de Dios y entregarles nuestros presentes (nuestras obras de fe), porque sin Él es imposible realizar obras de fe.
  • Los pastores. Aunque ya hemos mencionado que el Niño venía para todos, son los pastores lo que reciben el anuncio del ángel. Tengamos en cuenta que los pastores, en aquella época, eran seres despreciados por el resto de la sociedad; considerados como un clan o una secta, representan a lo más bajo y miserable; dándonos a entender que por muy despreciables y pecadores que seamos, tendremos un ángel que vendrá a decirnos, que Dios Niño, viene cada día a nuestras vidas para que cambiemos de rumbo y le busquemos a él. Teniendo en cuenta que “ángel” significa mensajero de Dios, cualquiera que venga a darnos la Buena Noticia (que es la traducción de la palabra Evangelio), será un ángel que nos llama y nos invita a ir a nuestro Belén interior para reconocer a Dios y reconciliarnos con Él.

¿Cómo no llamarle misterio a todo lo que estas figuras representan? El resto de las cosas que pongamos en el Belén son añadidos para enriquecerlo o tradiciones culturales que aún teniendo su significado, como el famoso “caganet” (que simboliza el que venga suerte a nosotros), son de respetar, pero en la realidad no encajan, pues ¿Qué más suerte que Dios se haga hombre para así darnos la posibilidad de la vida eterna? ¿Qué mayor suerte que Dios confíe en ti independientemente de cómo eres, para que te brinde la posibilidad de la santidad? Meditemos sobre todos estos símbolos y analicemos si merece la pena construir un Belén en nuestro corazón, como anuncio de la venida del Salvador, o limitémonos a comer y beber, porque a fin de cuentas, la vida son dos días que pasan rápidamente y, si no existe la Vida Eterna que nos trae el Niño, preocupémonos de nosotros mismos y vivamos esos dos días como mejor se pueda.

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