En países industrializados, los que suponemos los más avanzados del planeta, se promueve internamente entre sus habitantes, un comportamiento de responsabilidad individual, indudablemente válido, que sin embargo está vinculado de muy peculiar manera con esa otra política que pasa por encima de las soluciones individuales y que llamamos exportación de basura.

La exportación de desechos sólidos tiene una lógica brutal: procesar de cualquier modo los desechos sólidos en países como Alemania o, en general, en el llamado Primer Mundo, cuesta miles de dólares. El procedimiento es costoso porque las normas de seguridad son muy exigentes (aun cuando siempre resultan insatisfactorias). Procesarlos en el Tercer Mundo, en cambio, cuesta apenas unas decenas de dólares.

Esta exportación de residuos, no se trata únicamente de desechos domiciliarios, también y sobre todo se exportan desechos industriales; basura electrónica, desechos que en muchos casos son tóxicos EL tráfico proviene de los países industrializados del norte hacia países del sur, con menos exigencias ambientales, con reglamentaciones más laxas o con  corrupción que los torna negociables.

Gunia-Bissau, un mini estado africano con 30.000 km cuadrados y menos de un millón de habitantes, recibió hace unos años la oferta de saldar totalmente su deuda externa contra la cesión de un predio para repositorio de los desechos por un plazo de 30 años. Declinaron la oferta.

Los países industrializados generan una cantidad enorme de residuos tóxicos de reciclado imposible o extremadamente caro, por lo que durante mucho tiempo se utilizó la solución de exportarlos a países del Tercer Mundo donde las regulaciones ambientales fueran menos estrictas, la necesidad de dinero mayor y la preocupación por la salud de los habitantes mínima o inexistente. Luego de varios escándalos relacionados con el tráfico de residuos acontecidos en los ochenta, el 22 de marzo de 1989 se acordó en Basilea un convenio con el fin de controlar el traslado y el desecho de todo tipo de residuos tóxicos y peligrosos.

A pesar de comenzar a haber algunos intentos de normativa internacional en el tema; igualmente se sigue dando la exportación de forma ilegal. 

El periódico The New York Times reportó que más de 20 millones de contenedores con basura de plástico, papel y metales se transporta de Europa a países del tercer mundo de forma legal o ilegal, según datos de la Agencia Ambiental Europea (EEA). A Hong Kong, China, arriban diariamente más de 100 contenedores llenos de basura provenientes de Estados Unidos y Canadá.

A pesar de que las leyes europeas prohíben la exportación ilegal de basura, muchos países lo continúan haciendo por el alto costo que tiene reciclar la basura en su propio país. Los países ricos reciben la oportunidad perfecta para exportar basura cuando los enormes botes llenos de ropa y aparatos electrónicos provenientes de Asia se vacían, y están dispuestos a recibir dinero por cargar basura de regreso a su país. Es un negocio redituable.


El resultado es un gran negocio para los productores de basura y esquivadores de la responsabilidad consiguiente, además de un deterioro ambiental oculto, no explícito en los países receptores.

Los desechos hospitaliarios: un capítulo aparte.

Desde hace unas décadas, la actividad hospitalaria se ha volcado al uso del descartable alegando que se trata del método más seguro para prevenir la problemática de las infecciones y enfermedades iatrogénicas (es decir, provocadas dentro del mismo ámbito hospitalario).

Con los productos descartables se sustituyó el viejo método de esterilización en autoclave. Pero esto tiene enormes desventajas: los desechos hospitalarios crecieron en una proporción monstruosa y las enfermedades iatrogénicas no han desaparecido.

Los descartables hospitalarios no son sino un paso más en el sentido general de la sociedad de promover el "use y tire" en lugar de recuperar los materiales.

¿Qué pasa en nuestras sociedades?  Los desechos se depositan en cinturones ecológicos o se incineran con normas tan bajas de seguridad que constituyen un medio para diseminar contaminación aérea (sumamente grave). Tanto esta difusión aérea de elementos patógenos como su uso para relleno en suelos constituyen bombas de tiempo.

La situación no parece haber cambiado demasiado en los últimos años.

Los nuevos envases de las empresas

Hay empresas que parecen haberse hecho cargo de la problemática de la basura y en función de ello han lanzado al mercado envases pásticos compactables. Ello constituye el más claro reconocimiento de que las botellas de plástico con que inundaron la plaza en las últimas décadas son un engendro inviable.

Hay personas, que cansadas del desborde de estos envases inservibles, irrecuperables, terminan utilizandolos en la fogata del asadito del domingo; porque piensan que desaparecen y el fuego "mata todo". Nada más insensato. Así quemadas, las botellas de plástico no hacen sino contaminar el aire, y por lo tanto nuestros pulmones, y la carne del asador con tóxicos como las dioxinas, de alto poder cancerígeno.

¿Qué hacemos con la basura? ¿Por qué producimos mercancías que producen tanta basura? ¿Qué hacemos con la contaminación producida?

Que las empresas no paguen a menudo la contaminación, no significa de que la misma no exista. Que los problemas los tengan que llegar a enfrentar nuestros nietos, no significa que no sean un problema de nuestro presente.

 

Fuentes consultadas: Vera Donna Latinoamericana - Artículo escrito por Luis Sabini Fernández

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