Ángeles humanos, en el hogar sagrado,

izan la bandera del sentimiento eterno.

De amor y elogio el trato es adornado,

espíritu festivo lo anima fuego interno.

 

Un rostro amable, de alegría sonriente,

plasma en su bondad la gracia reflejada.

La divina esencia, del gozo referente,

consuela vieja edad triste y perturbada.

 

Al nacer, la vida, asegura su secuencia,

vibra el viento la atmósfera gozosa,

a la eternidad sublime hace reverencia.

 

La paz a la pureza se rinde silenciosa,

la belleza ríe al infante en su presencia,

aclama el escenario la fiesta prodigiosa.

 

Poesía tomada del libro: Amor y Elogio, un canto a las virtudes de la infancia, del autor Jesús Helí Giraldo

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