El balance social debe ser una herramienta, que mida el impacto  del ejercicio económico financiero en una comunidad.

El balance social debe permitir medir  el grado de responsabilidad de un ente económico, con la comunidad y el medio ambiente.

El balance social no puede ser visto como una simple lista de acciones, donde se presume el logro, como la contribución en el mejoramiento de vida de una población impactada.

El balance social debe tener la capacidad de mostrar el sacrificio de recursos, con el fin de obtener utilidades económicas, el buen uso financiero de los recursos, y una ganancia social compartida con la comunidad.

Es perentorio aclarar que la ganancia social debe ser medida en calidad de vida, primero con la producción limpia que garantice un producto cumpliendo con las normas ambientales.

En segundo lugar la contribución económica equitativa con sus empleados, proveedores, el estado, teniendo en cuenta que con éste último impacta en gran medida la comunidad.

La responsabilidad social no solo debe ser medida desde la parte ambiental aislada del ser vivo, es decir no contaminar visual, auditiva y con el estado natural de las formas de vida, sino con la posibilidad de satisfacer necesidades básicas que requieren de buena generación de ingresos.

Para lograr informar racionalmente los impactos sociales en un ejercicio económico, es de suma importancia ser creativos en la armonización de cifras con indicadores cualitativos.

De igual manera debemos ser coherentes con el sacrificio ambiental no renovable, para la consecución de ganancias económicas, por existir producción de bienes y servicios con pérdida social.

Sin entrar en mayores debates, la producción de cigarrillos por ejemplo siempre tendrá deuda social, por los efectos nocivos para la salud.

Por eso en Colombia, por ley es prohibida la publicidad del consumo de dichos productos.

Es lógico que a ésta altura del texto, se piense en ¿cómo se puede medir calidad de vida en un ejercicio económico?

Y también es lógico que pensemos en la subjetividad en la calificación, mezclando moneda con sucesos.

Para nadie es un secreto que existen ítems universales, para calificar la calidad de vida, entre ellos acceso a la educación, a la recreación, al suministro de agua potable, la obtención de vivienda digna, alimentación apropiada.

Y podríamos complementar los ítems con la convivencia pacífica en comunidad, el acceso a la salud, la garantía de la libre expresión, a vivir en un ambiente libre de contaminación, entre otros.

Entonces si el ente económico pago a sus empleados  cierta cifra monetaria, a través de los departamentos de bienestar podemos recopilar información de la satisfacción de necesidades que mejoran la calidad de vida.

Pudiendo entonces atribuirle a la inversión en salarios una calificación bien sea con números o conceptos, es decir en números por ejemplo de uno a diez, o en conceptos bajo, medio, alto, superior.

Podremos concluir al evaluar la información presentada bajo estos parámetros, si existe deuda social en las calificaciones bajas o por el contrario ganancia social.

Para lo externo, los proveedores, los clientes, el estado, la comunidad en general, puede ser un poco engorrosa la metodología en su seguimiento, más no en su aplicación.

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