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Ya se sabe que en verano la temperatura sube en todos los sentidos. Las personas estamos más propensas a tener romances y en muchos casos las infidelidades se disparan.

Además la ausencia de ropa por las altas temperaturas deja al descubierto  ciertos encantos tanto en la mujer como en el hombre. También existe una razón biológica en verano, nuestros cuerpos producen más melatonina, una hormona responsable del tono vital que nos pone de mejor humor y más predispuestos al erotismo.

 

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Por ello las condiciones vienen rodadas para que la libido se exprese y en el caso de los más jóvenes y adolescentes, sea de forma más acentuada, además que hay que tener en cuenta que los amores de verano carecen casi siempre de compromisos.

 

Lo que ocurre en vacaciones es que nos relajamos y nos disponemos a pasarlo bien. Cuando cambiamos el escenario y dejamos la rutina, nos da la sensación de ser otra persona, y miramos hacia nuevas posibilidades y nos animamos a la pasión, aún sabiendo que la magia de un romance se puede terminar el mismo día en que se vence nuestro boleto de avión.

 

 

En esa sensación de extrema libertad se fomentan los amores de verano. Aparecen sin reglas. Son para disfrutarlos sin culpa y para recordarlos después durante todo el año como una maravillosa aventura.

Los psicólogos explican el fenómeno de los amores estivales de forma muy fácil y sencilla. Se trata de un tiempo donde cada uno se permite ser diferente. Realizar cosas y actos que el resto del año no estaríamos dispuestos a hacer, sobre todo las mujeres.

 

Es como si le dieron permiso a nuestros conceptos amorosos, dar vacaciones a los prejuicios y aceptar que unas palabras amorosas dichas en la orilla del mar, no durarán mas de quince días pero querer sentirlas y retenerlas. Loa amores de verano siempre valen la pena, siempre y cuando sepamos  decir adiós a la hora señalada. Quedan para enriquecer nuestra intimidad y es magnífico haberlo experimentado.

 

Alguna mujeres, en los últimos años, ya realizan vacaciones con amigas a playas lejanas de su habitual residencia, con el fin de alcanzar ese romance pasajero, y poner un poco de pasión a una vida rutinaria, donde los compromisos sociales, la familia y los hijos o marido en algunos casos, ocupan la totalidad de su vida, y al liberarse, pueden dejar que fluyan todos los deseos que durante el año, permanecen reprimidos y así además, poder luego recordar con una suave sonrisa esa corta pero intensa aventura.

 

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