Doce años tardó James Cameron en lanzar a la pantalla esta idea que había sido detenida sólo por problemas técnicos. Gracias a las nuevas tecnologías, la barrera cedió y el campo fue amplio para que Cameron junto a su equipo, pudiesen realizar una de las obras de ciencia ficción más impactantes de los últimos tiempos. “Avatar” tiene ese componente fundamental para que la película prescinda del metraje: una sólida línea argumental cargada de dinamismo, junto a imágenes y sonidos que mantienen alerta los sentidos – sin hacer diferencias etarias - de todos los espectadores. La propuesta del director, a pesar de estar exigida por las inevitables expectativas previas generadas por el abundante marketing, satisface en varios aspectos logrando dibujar una sonrisa y disfrutando esa gran sensación de haber vivido un momento diferente.

Sin duda que el material en 3D debe ser un acontecimiento de otro planeta. Sin embargo, a lo que nos abocaremos es a la estrategia pura de la cual Cameron ya está obteniendo grandes resultados. La inclusión de actores fuera de portada es sin duda un riesgo, sin embargo el director logró situar la historia por sobre los nombres dejando bien en claro que su apuesta es sólo la obra que representa y nada más. De esta forma el trabajo de Worthington, Saldana, Weaver, Rodriguez y – el por momentos odiado – Lang, transcurren sin establecer explosiones lumínicas que encandilen al espectador, sino que cumplen el papel entregado por el director demostrando una vez más que James Cameron no se empeña en dirigir grandes interpretaciones.

“Titanic” (1997), la película dirigida por Cameron que obtuvo 11 premios Oscar y que se transformó en uno de los títulos más ganadores de la historia, no consiguió ningún reconocimiento en materia de actuación. “Terminator” (1984) – también dirigida por el canadiense - generó un hito en la industria fílmica al crear un personaje recordado hasta el día de hoy y en la cual los efectos especiales – especialmente en su segunda parte de 1991 - cumplieron un pilar fundamental para llevarlo a ese sitial. Esto refuerza la idea de que Cameron se preocupa de dos conceptos fundamentales y en los cuales no se cuenta el aporte que pudiesen entregar sus actores: la historia y la forma de ejecutarla audiovisualmente. Cuando me refiero al tema “audiovisual”, es justamente esa separación, ya que aparte de los efectos visuales, Cameron le entrega mucho énfasis al sonido y a la música incidental, que en el caso de “Avatar” fue compuesta por James Horner, compositor de otras grandes obras como “Braveheart” (1995) o el mismo “Titanic”.

Más allá de la extraordinaria imagen, el sorprendente sonido, la calidad imaginativa del equipo para crear todos aquellos aspectos que componen la obra como es la naturaleza del planeta (flora y fauna), máquinas e instrumentos que son parte de esta “realidad virtual”; la obra se posa en ese argumento que si bien es sólido y dinámico, posee varias aristas algo trilladas en el ámbito fílmico como es la eterna lucha entre el bien y el mal, que hacen por momentos algo obvia la trama. El enfoque macro que entrega la cinta es similar al que nos mostró “WALL•E” hace un año cuando resaltaba “el escape masivo” de la Tierra por la destrucción total de ésta; la ayuda de todas las razas y tribus del planeta para salvarlo es lo mismo que presentó Tolkien a través de Peter Jackson en “El Señor de los Anillos”, George Lucas en “Star Wars”, etc, etc. Sin embargo, a pesar de estas similitudes, “Avatar” se mantiene en pie, mostrando todo el potencial que puede tener una película con la tecnología de hoy y dejando entrever que Cameron aún sigue muy vigente.

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