El autoritarismo

El autoritarismo puede funcionar a corto plazo, pero con el paso del tiempo termina por provocar la rebeldía. Por lo que lo impuesto se convierte en algo contraproducente.

Todos los seres humanos necesitamos tener moral y valores, lo que sobra es el autoritarismo. Si se unen estos dos aspectos, se pueden producir en muchos casos, desajustes de la personalidad y rebeldía, esto se puede evitar tratando de ser más equilibrados.

El autoritarismo es un mal

Ser autoritario supone que una persona adopte una postura de forma unilateral, donde las decisiones y elecciones que hagan los demás no cuentan para nada.

Las personas autoritarias no dejan que exista la libertad de expresión y niegan que se pueda elegir lo contrario a lo que ellos están imponiendo. Lo común es la imposición y es lo único que se puede esperar.

La imposición no es democrática

Es cierto que todo el mundo puede defender sus ideas, pero no deben convertirse en una tiranía. Es conveniente ser flexibles, de este modo se podrá entender mejor que todo el mundo tiene derecho a elegir y a poder razonar por cuenta propia.

Una persona debe ayudar a otra, nunca se puede utilizar el autoritarismo para atormentar al otro.

Consecuencias del autoritarismo

La persona que no ha podido aprender a expresar sus opiniones con libertad y respeto, acabará haciendo lo mismo con los demás, y también se limitará a ella misma su libertad de expresión por miedo a ser rechazada.

El problema que supone tener una moral autoritaria

Quienes tratan de dirigir la vida de los demás, basándose única y exclusivamente en el control y en seguir la tradición solo consiguen que lo que tratan de imponer se convierta en una carga para la otra persona.

Esto se refiere a los valores y principios que se espera que tenga la otra persona. Pero si se impone ese criterio moral. La única reacción que se producirá será la de la rebeldía, ya que es la única manera de rebelarse ante algo que se considera como lo correcto.

Orientar sin ser autoritario

Es cierto que todas las personas necesitamos tener un límite, aunque siempre se presentará cierta resistencia a admitirlo. Pero, cuando se trata de orientar desde un punto de vista amable y en el que el derecho a la libertad de expresión de  poder opinar libremente, y en el cabe tanto el debate como la participación, entonces la otra persona entenderá que no siempre se puede hacer lo que quiere, pero que sí es respetada. Así el otro aprenderá a respetar y entenderá que los límites son necesarios.

Sin embargo, cuando lo único que cuenta es la imposición solo se genera la rebeldía y la oposición a lo que la sociedad y las personas tratan de representar como lo valido.

Se debe ser firme en la ideas pero también hay que comprender que solo mediante el respeto se conseguirá el equilibrio que se busca.


 


 

 

 



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