"Argumentar con una persona que ha renunciado a la lógica, es como dar medicina a un hombre muerto" (Thomas Paine)

Ateísmo, palabra que goza de pésima reputación en estos tiempos modernos. Tiempos donde mientras más avanzamos hacia la tecnología, más nos cuesta entender su alcance, lo que significa y hacia donde pretende llegar.

Y es que el tema puede pasar de una charla casual con tus conocidos sobre las creencias religiosas de la mayoría, a un completo debate sobre quien tiene la razón, y tal vez, la única finalidad de las discusiones es darle la razón a alguien.

Los seres humanos somos argumentativos por naturaleza. Nos fascina la idea de dar a conocer nuestras opiniones, que estas sean escuchadas y valoradas, aunque muchas veces no nos guste escuchar las del resto.

A lo largo de, mi aun corta vida, he tenido que vivir y lidiar con situaciones cotidianas que me han hecho replantearme si las cosas en las que alguna vez creí, eran los suficientemente fuertes y lógicas como para seguir respaldándome en ellas, y entre esas dudas estuvo alguna vez la creencia en dios, no tanto así como la religión, de la cual perdí apego hace muchos años atrás.

Dios está en todos lados, y no lo digo de manera filosófica, sino literal. Está en todos lados. En las conversaciones cotidianas, en forma de una exclamación; en las escuelas, colegios y universidades, en los discursos de presidentes, en las canciones de variados géneros, en las cárceles, iglesias, bancos…en fin, la lista es interminable.

Esa abrumadora presencia puede parecer natural para quien ha aceptado a dios como una certeza en su vida, pero ¿y qué ocurre con el ateo? No, no vivimos enfermos ni acongojados por estas cosas, simplemente salimos a la calle y hacemos todas las cosas que el resto hace, con la misma fuerza e ímpetu que los demás, hacemos en resumen todo lo que el resto hace, con la diferencia de que al final de la jornada, dios no está presente como una figura material o inmaterial que requiera de nuestra atención.

Este pequeño espacio es para todos aquellos que como yo, vivimos nuestros días así, dando lo mejor de nosotros, por la sola convicción de que solo nuestro esfuerzo, nos hará mejores personas. Y tengo la firme convicción de que detrás de la pantalla, hay cientos, miles, millones que tienes las mismas experiencias e incertidumbres.

Como padre de dos niños que soy, me enfrento a muchos paradigmas y mitos acerca de la educación correcta que darle a los hijos de padres ateos, y lo que comparto con quienes lean estas líneas está destinado al intercambio de ideas, pensamientos y demás temas que, aunque sea de manera minúscula, puedan generar algún beneficio en quien lo visite y se sienta identificado con ellos.

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