Yolanda Rico fue una chica de veinte años llena de ilusiones. Soñaba con casarse con un extranjero que la llevara a conocer el mundo y le ayudase a estudiar para ayudar a su anciana madre viuda, y a sus tres pequeños hermanos. Contestaba a cuánto aviso apareciera en los periódicos de Bogotá. En uno de ellos se leía, que extranjeros necesitaban damas jóvenes, bien presentadas y ejecutivas, para trabajar en una empresa multinacional con salario en dólares. Alli paró Yolanda en compañía de Candelaria su amiga de toda la vida. Se hizo una gran fiesta en el hotel Hilton y unos ejecutivos orientales (chinos) las entrevistaron, a ellas dos y a otras muchas jovencitas intrigadas por el aviso. Las dos amigas resultaron seleccionadas por su singular belleza y don de gente para inducirlas en un entrenamiento. Candelaria no asistió, porque su novio desconfió del aviso y se opuso rotundamente. Yolanda conoció allí a un chino nacido en el Ecuador de nombre Jimmy. Jimmy la contrató para atender como secretaria un consultorio paramédico en la cura de la adicción al cigarrillo y otros transtornos menores, situado en el barrio Teusaquillo, cerca a la antigua embajada americana. Jefe y secretaria iniciaron una muy buenay cercana amistad, y él frecuentaba la casa materna de Yolanda ganándose el cariño de la madre y hermanos de la joven. Jimmy le propuso a la chica que tomase un seguro de vida a su nombre por veinticinco mil dólares, pagando él las primas, por ser  el beneficiario, sin explicarle bien de qué  negocio se trataba, aduciendo que era una póliza de ahorro para usufructuarla los dos después de un tiempo. Expedido el documento, con el paso del tiempo la chica comenzó a sentirse muy indispuesta, hecho que le comentó a Candelaria afirmando que ella se sentía así desde que  Jimmy le hacía tomar unas gotas diariamente para el cansancio. Candelaria se consternó y le aconsejó suspenderlas inmediatamente. Parece ser que Yolanda, por tener acceso a los documentos de la oficina, se enteró de algo grave en relación de las otras chicas (desapariciones y muertes) y llamó a Candelaria a comentarle el chisme. Para cuadrar sus entradas, Yolanda hacía las veces de "maitre" en las horas del medio día en el restaurante Argentino, frente a la embajada. La tarde del crimen, comentó el dueño del establecimiento, llegó el "chino" y discutieron fuertemente él y Yolanda, casi con intervención de la policía.  Tras este enojoso incidente, como a eso de las tres, llegó Jorge, el novio de Yolanda,  la recogió para llevarla a cine matinee, tres cuadras al sur en el teatro Metro Teusaquillo, sobre la calle 34 media cuadra abajo de la trece. Asistieron a la película,  pero cuando terminó la proyección, dos minutos antes de encender la luz, se escuchó un alarido. Yolanda perdía el equilibrio y de su cuello brotaba un surtidor de sangre oscura: la habían degollado con un bisturí desde el puesto de atras, con el hipotético fin de que no hablara. Con premura, Jorge la tomó en sus brazos y la condujo tiernamente hasta la entrada del teatro a la espera de una ambulancia, pero la chica se desangró y murió bañada con el llanto del muchacho. Cuando llegó la policía halló el cuerpo exangüe. Dias después, Jimmy trató de cobrar el seguro de vida, pero fue descubierto, huyó, fue juzgado como reo ausente y condenado a treinta años de presidio. Yo fuí el abogado de la parte civil en representación de la familia de la joven. Hoy se cumplen veinte años del suceso. Paz en la tumba de Yolanda...

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