.Hay muchas veces que la vida caprichosa, cruel y burlona nos atormenta de forma interminable, como en una continua mofa.

Sin embargo, hoy, observando el sol por la ventana, me he olvidado de lo que es, de lo que será o de lo que fue, he dejado vagar mi vista más allá de los cristales, posándose delicadamente en cada elemento del entorno. Sin prisas, como observando cada cual en su más pura esencia, sin etiquetas, sin definiciones predefinidas, sin conceptos preeestablecidos. Una mirada clara a la realidad.

Las esencias de las cosas no son siempre lo que son, no son el color producido por la refracción de los fotones de diferente frecuencia de onda, no son las estructura molecular de los elementos químicos en su ordenación atómica. Si de verdad quieres poder ver un objeto, una persona, un lugar hay que ascender la mirada más allá, romper las cadenas de aquello que creemos o que ya pensamos que tenemos visto. Ahora me asomo a la ventana e incluso la propia luz adquiere una luminiscencia particular, una vitalidad increible, teniendo en ocasiones la sensación de que late como si de un corazón se tratáse.

La gente por la calle se mueven en dinámicas que adquieren sentido como si de una coreografía muy superior a nuestro entendimiento se tratase. Un sentimiento flota de esta visión, ya no son visiones que entran por nuestros receptores visuales para ser procesados en el lóbulo frontal de nuestro cerebro. Sino que que el significado emana de un sentimiento que parece abarcarlo todo, impregnarlo, pertener a todo y a nada en concreto, ser y no ser a la vez, un sentimiento que no hay organos biológicos que sean capaces de percibirlo. Sin embargo, esa sensación entra dentro de aquellos que observamos con esa nueva mirada, corre por nuestras venas, nos alza en una sensación de éxtasis, de culminación. ¿Acaso será esto lo que ciertas filosofías asiáticas buscan alcanzar mediante la contemplación? Más que una visión es un sentimiento, es un regalo que puede ser divino para el creyento o un don de la naturaleza para el que no crea. No obstante, esa sensación está ahí y nos incluye a todos, tengamos conciencia o no la tengamos.´

El día que nos detengamos a contemplar con esa nueva mirada nos sentiremos como ascendemos ¿a dónde? no tengo respuestas para ello, son sensaciones sin respuestas, respuestas sin palabras, es vivir para sentirlo, sentirlo para cambiar a mejor.

corazon de manos en la puesta de sol

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