En el mundo, siempre ha habido líderes natos que han podido influenciar la vida de millones de personas, de manera positiva o negativa. El poder para mover a las masas y plantar en sus mentes semillas de ideologías, pensamientos o filosofías es algo admirable. Algunas de estas personas, pueden dirigir grupos religiosos o metafísicos, donde sus miembros piensen, actúen o hablen de ciertas maneras. El Dalai Lama, líder del gobierno tibetano (exiliado por el ejército Chino) y guía del budismo tibetano es una de esas personas. En ésta obra, al autor hace un contraste interesante entre dos maneras de pensar: el método científico actual aplicado a la psique humana, y el análisis del alma según el budismo.

El contraste entre la manera de pensar de dos mitades del mundo es evidente. Pero es más evidente aún cuando se examinan al mismo Dalai Lama, y un psiquiatra estadounidense. El fin de varias maneras de vida puede ser el mismo (felicidad humana, plenitud, satisfacción), pero sin duda, la manera de conseguirlo es totalmente diferente. “El propósito fundamental de nuestra vida es bus­car la felicidad”, menciona el líder tibetano. Son las palabras que usó el autor para comenzar la obra. Palabras sencillas, directas y sobre todo muy usadas.

Se pueden tomar muchos caminos en la vida, pero todas las personas buscan llegar al fin último: la felicidad.

A lo largo de los capítulos del libro, se inspeccionan las diferentes maneras y razones de cómo llegar al alegado fin de la persona. En forma de diálogo, la obra nos expone a menudo confesiones de la vida de ambas personas, discutiendo las situaciones y razones del por qué de la actitud de cada polo filosófico.

Según el budismo, hay ciertos factores clave de los cuales depende la felicidad de una persona: riqueza, satis­facción mundana, espiritualidad e iluminación. Es necesario denotar que cualquier situación que impulse un sentimiento de bienestar puede ser clasificado en cualquiera de estos factores. Si nos hace feliz un ascenso laboral, podemos concluir que es debido al beneficio que obtenemos: monetario. A su vez, un beneficio monetario satisface nuestra necesidad material, o de riqueza.

La plenitud se alcanza dejando de lado las complacencias corporales o inmediatas. Un buen platillo, un buen cigarro o un buen encuentro sexual nos pueden dar la sensación momentánea de saciedad, pero no nos da un estado prolongado de felicidad. En cambio, el conjunto de muchos factores, y la búsqueda de la felicidad en sí, pueden darnos ese estado que buscamos, aunque no lo sepamos. La felicidad no es un estado de ánimo, es una forma de vivir, es sentirse completo con lo que se tiene, con lo que nos pasa y con lo que hacemos. Alguien pleno no tiene necesidad de hacer cosas para sentirse de cierta manera, sino que genera su felicidad con el buen actuar, optimismo y pensando las cosas antes de hacerlas. La mejor manera de lograr algo es simplemente siendo la persona que queremos ser al momento de obtenerlo: lo demás viene solo.

Portada del libro (1998)

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: