El año pasado después de perder mi empleo mi vehículo se desintegró y ahora vivo a patas sobreviviendo con el poco dinero que al final consigo pero que nunca está asegurado. Más allá de haber recuperado algún kilo de los diez que me faltan para mi estatura aún he perdido tres o cuatro y lo peor es la rallaera provocada por la depresión que ahora me tiene cada vez más retenido a una vida simple, monótona y cuando así te viene a visitar con otra dioptriaa para el ojo derecho en el menos fulminante de los casos.

Ahora hablan continuamente de personas como yo en los medios. Situaciones sin salida normalmente en forma de factura que convierten nuestros movimientos en un movimiento de cifras. Los números rojos siempre se compadecerán de tu espalda dolorida y te acompañaran durante tus crisis vagabundeando contigo mientras sueñas con algo hospitalario y no un ecosistema de deudas afilados que no hay forma de evitar que nos triture con sus signos negativos por todos lados.

La forma inmediata de afrontar esta situación es no volverse loco. Lo más normal es que los sectores vayan asentándose del mismo modo y evolucionen del mismo modo que antes de todo se manifestara en quiebra. Pero eso a mi me causa el mismo temor antes, durante y después de la crisis cuando este más o menos olvidada. De hecho es una relación en la que somos muy partícipes de soportar las cargas cuando también muy ajenos cuando queremos mejorar la situación.

Yo podré comprarme un ford focus con algunos años y acudir a trabajar en algún sitio donde mejor convenga y salirme de este grupo que cada vez somos más y que llevo tanto tiempo perteneciendo y tener más suerte en el siguiente terremoto financiero para no perder mi trabajo y tener el personaje en sonriente. ¿Le quedará paciencia a mi salud?.

 

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