Conocerse es tener una apreciación correcta de sí mismo. Esforzarse por conocerse mejor es ya un proceso creativo. Es tomar conciencia de sus facilidades, de sus dificultades, de sus debilidades, de sus contadicciones. Es, también, evaluar sus actos sin benevolencia. Es, en fin, aceptarse tal y como uno es sin autosatisfacción. Las experiencias personales renovadas y diversificadas contribuyen a revelar las propias tendencias afectivas, intelectuales, físicas y el conjunto de capacidades puestas en juego. Tratar de comprender los propios modos de reflexión, los mecanismos del pensamiento, y los móviles del propios comportamiento, ayuda a dominar los automatismos y a no dejarse dominar por las reacciones pulsionales. 

Aprender a escuchar sin mirarse el ombligo permite acceder al dominio de lo incontrolable, del ilogismo. Abrirse a sí mismo, a su mundo interior es condición previa para abrirse al mundo exterior, a los demás: es comenzar por la aventura del descubrimiento de sí mismo para acceder a la libertad de ser y de emprender. 

Lo abstracto, como lo concreto, residen en la manera de captar, más que en objeto mismo. Las matemáticas implican un proceso esencialmente abstracto, mientras que los oficios artesanales requieren más un espíritu concreto. Pero, ante una situación más o menos compleja, tanto lo abstracto como lo concreto no captan más que determinados aspectos que son los que corresponden a sus esquemas mentales. Solamente su complementariedad permitiría abordar el conjunto diversificado de los datos y abarcar mejor la situación en su globalidad.

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