manos pidiendo perdon

APRENDE A PERDONAR

La recompensa para quien Aprende a perdonar es la libertad, y la sanidad del alma para el que también olvida.

Hoy día mucha gente trata de sanar un pasado destrozado. Las vidas de innumerables personas han sido profundamente dañadas por haber sufrido cuando niños y adultos, ya sea psicológicamente, físicamente o, peor que todo eso, sexualmente. Los programas de televisión y las revistas tratan a diario de estos temas. En un programa tras otro los sobrevivientes comparten sus historias dolorosas ante un público hastiado e indiferente. Sin embargo, por más que se desnuden el alma, parecería que eso no les trae la sanación que buscan. ¿Cómo pueden encontrarla?


Antes de ahondar en el tema Aprende a perdonar deberemos tener claro que el perdonar es una opción y podemos tomarla o no, pero el no tomarla puede tener unas consecuencias no sólo negativas y dolorosas sino que pueden ser bastante permanentes en el tiempo ya que el rencor aflorará a medida que se aleja esta opción de perdón. Nos liberamos al saber que no tenemos que ser víctimas de nuestro pasado, y que podemos aprender nuevos modos de responder. Pero hay un paso más allá de este reconocimiento…Es el paso del perdón.


El perdón es el amor practicado entre personas que aman pobremente; nos libera sin esperar nada en cambio. El perdón es necesario sencillamente porque ambos, víctima y victimario, aprisionados por una oscuridad que comparten, permanecerán encadenados a esa oscuridad hasta que alguien les abra la puerta. El perdón es la única salida y, aunque nuestro adversario prefiera quedarse en la oscuridad, esto no ha de detenernos. Si le dejamos la puerta abierta, hasta puede que nos siga en el camino hacia la luz.

 

Para poder dar un paso hacia el perdón y no tener toda nuestra vida esos rencores que nos van minando, lo primero que se debe hacer es darte cuenta y reconocer que te han hecho daño, que te han tratado de forma injusta, pero esto no debe hacerse con rencor ni odio, sino mostrar ese dolor diciendo que estamos enfadados por esa causa, no recriminando, más bien informando. Una vez que pasemos esta fase, debemos tener claro si queremos perdonar o no ya que no deja de ser una opción personal donde no podemos sentirnos obligados a hacerlo ya que no perdonaremos, seguramente olvidaremos, excusaremos pero siempre tendremos dentro un sentimiento negativo hacia la persona que nos hirió.

 

Desgraciadamente, la traición por parte de amigos o familiares es común en muchos círculos, muy pocas disputas tienen un solo lado. Pero en nuestro orgullo vemos únicamente los pecados de los demás y cerramos los ojos ante las faltas propias. A menos que seamos capaces de humillarnos, no podremos nunca perdonar ni ser perdonados. Esta humillación es dolorosa, pero forma parte inevitable de la vida. El perdón nos permite ir más allá del dolor, sin negar su realidad, para alcanzar la alegría que nace del amor.

 

El perdonar no significa que se borran los recuerdos que nos lastiman, es abandonar mi orgullo y desatarme de esos sentimientos que me enferman. No es dejar que me hagan y me digan lo que sea, por el contrario es aprender a poner límites y tomar la decisión de que yo no puedo evitar que los demás me hagan daño pero sí puedo evitar que eso me afecte.

 

Debemos interiorizar que contrario a lo que nos han enseñado “ojo por ojo diente por diente”, la falta de aprender a perdonar nos esclaviza. Perdonar muchas veces puede dolernos pues es más fácil echarles la culpa a los demás en lugar de decidir perdonar. Sin embargo, entendamos que perdonar es librarnos de las cargas que llevamos y lograr tener paz nosotros mismos.

 

El verdadero perdón es el que lleva junto el olvido, y aunque es cierto que a veces es difícil, vale la pena intentarlo una y otra vez, cuantas veces sea necesario, te habrás dado cuenta que has perdonado cuando al recordar no sientas más dolor, ni siquiera habrá motivos para recordar tus viejas heridas porque el sentimiento de paz y de libertad que genera el verdadero perdón es tan agradable que ya las habrá sanado por completo.

Aprender a Perdonar es dar vuelta a la llave, abrir la puerta de la celda y dejar el prisionero libre, es escribir en grande “nadie me debe nada”.

muchas flores

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