Es mi amoroso... respondió ella ante el interregotario, digno de organizaciones de inteligencia, desarrollado aquella mañana por el más dulce uruguayo que haya conocido; pero qué es para vos, por qué, para qué, cuándo está, qué ves en él, qué esperas, qué vas a hacer cuando, qué lo hace importante, qué le diferencia de mí; eran algunas, del bombardeo de preguntas que él hacía, mientras con la calma propia, prepaparaba el acostumbrado mate como quien prepara una fórmula de laboratorio para ser feliz.

¿Querés tortillas fritas? preguntó él; bueno enséñame a hacerlas a tu manera, dijo ELLA. Mientras el uruguayo dulce como su tierra, hacía una mezcla de harina, calentaba el aceite, sacaba el azúcar; le ofreció a ella un delantal de cocina azul, con insignias del primer mundial de fútbol del mundo, que fue ganado por Uruguay; parecía más una reliquia de una historia antigua, como de esos mitos de los orígenes del mundo. La rodeó delicadamente para amarrrar el delantal, al que tuvo que darle dos vueltas, que terminó con un nudo de experto.

Sentados en un improvisado sofá de puffs encantadores, de colores tierra que ella amaba, degustó el mate con la tortilla,  bajo la mirada inquieta de él, que la iluminaba como la luz de las lámparas de los cuarteles de interrogatorio, más como una tortura que como una luz. ¿Qué es eso de amoroso? preguntó algo resignado y con cierto menosprecio. Ella guardó silencio.

Pues, amoroso es con quien se vive partes del amor, y no de cualquier manera...con quien la tranquila desnudez descansa entre brazos cálidos, es con quien se comparte el privilegio mútuo del tacto infinito, de la exploración anatómica, del anverso y reverso de los fantasmas que se vencen; es la propiedad oral, de un cuerpo donde las palabras se acallan de maneras exquisitas, es unir el talento escondido con la generosidad de darlo al otro, sin temor a perder el límite de pertenencia, es en la oscuridad final, compartir una larga mirada suficiente con una sonrisa sencilla y acompañada; es nacer de nuevo como un hombre, o una mujer que no existían antes,... no, no, no, dijo el uruguayo, ese AMOROSO tuyo, no va a nacer para tí, yo conozco los hombres como él, ignorantes de los tesoros a su lado, duermen, despiertan y se van, buscando tu olvido.

Ella se detuvo un instante en medio de una constelación de suspiros ¿cómo sabes eso?, y ¿ cómo sabes vos que no te olvida, si nunca está? cuando me des el honor de bailar un tango entre mis brazos, sabrás qué es en realidad un amoroso... sabes cómo lo sé, dijo ella con calma, con amabilidad; lo sé por sus poemas. Ah bien, ¿cuántos te ha escrito? dijo él, ¿ cuántos? ella rió inconteniblemente, pues ninguno, pero no lo digo por eso, sino porque creo que el poema trasluce el alma del poeta. Bueno sí, pero vos no estás en esa alma, pues de lo contrario escribiría de vos, mariposa.

Ella se levantó, escuchó la balada que él puso en su portátil, miró por la ventana la ciudad, como aquel cuadro de Van Gogh, la imaginó con los colores del pintor, .. bueno hay cosas que se saben, porque se sienten, y se creen, pero resulta imposible explicarlas a los incrédulos, dijo ella finalmente.

Quisiera tener el honor de bailar un tango con vos, no importa que no sepas, yo te guairé, el tango puede ser tan suave, tan lento, como tú quieras; quiero que me des solo una ocasión, una oportunidad, solo una es suficiente, baila conmigo y dame un beso, y luego callemos para regalarte mis letras inspiradas, no por personajes de historias universales, sino por vos, mariposa; las mariposas caben en la mano, vos cabrás en la mano del que escribe, mi mano siempre está abierta, nunca te aprisionaré, solo vuela como eres y regálame tus olores y colores; vos sos la protagonista de mi historia, cuyos capítulos te leeré en madrugadas de vigilia para arrullar tu sueño, con el favor de estrellas que canten melodias para tu alma.

Yo sé qué desayunas, yo sé cuándo estás triste, yo sé cuándo callas y necesitas silencio, yo sé qué te gusta comer, yo sé prepararte el tinto como te gusta, yo sé cómo sabes llenar de calor todo lo que haces, yo sé cómo me deleito viendo tus mañas al hablar, yo sé qué te pasa al escribir, yo te daría mis llaves antes de tener que darme las tuyas, yo sé qué te gusta que te tome la mano al bajar la escalinata, yo sé que te encanta caminar y que te cuente de mis escritos, yo sé que no tomas más de dos copas de vino, yo sé cuándo necesitas ser abrazada sin preguntar, aún cuando no me lo has permitido, sé cuánto te gusta la tranquilidad de la mañana del domingo y sé que no tendrías que decirme lo que quieres una tarde de lluvia, porque nace en mí cobijarte con mi compañía siempre; se que soy un hombre para vos y no un pibe jugando aún a canicas con los del barrio, y se que será maravilloso hasta que compartamos el aburrimiento de lo rutinario; vos nunca aburrirías, uno es el que se aburre por sus propias pavadas...sabes cómo se esto, porque estoy ahí cada día, puede que aún no estés en mis brazos, pero yo estoy escribiendo tus tiempos en el libro de mi tiempo, eso me permitirá amarte más allá del encuentro de dos horas de cada día, que puedas tener con el poeta, el que nada sabe de tus días.

No más uruguayo!! ¿quieres un beso?, tal vez te lo daré cuando te despidas frente al ataúd que será mi lecho. ¿Quieres bailar?, tal vez bailaré contigo alguna noche que requiera ser remendada; pero este amoroso que está en mi vida, no lo conoces, tendrás que leer sus poemas, para conocer las orillas de sus naufragios, los espejos de su camino perdido, los alcances de las batallas de un hombre sin generación, los anhelos de su corazón recién saliendo de la prisión del monasterio, y sobretodo, tendrías que ser yo para entender el sabor antiguo de sus besos.

Lo demás te lo agradezco, es verdad, tú estás ahí, dulce uruguayo; es verdad, él no sabe de mi gusto del vino, de lo que como, de caminar con migo, de incluirme a su lado, de regalar incondicionalmente su compañía, poco sabe de cuidarme; pero sí sabe otras cosas, sabe hacerme reir, sabe seducir mis costumbres con sus alas, sabe estar aveces regalando su nobleza, sabe escribir de maneras que me conmueven, sabe callar, sabe desnudar mis dudas, sabe acoplarse a las formas; con eso él sabrá qué hacer, se inventará quizás un sendero, como el poema que nunca ha escrito; todo lo que tú felizmente sabes, posiblemente vendrá después con él.. pues finalmente, cómo nombrar al que en medio de las imposibilidades encuentra caminos de amor, ¿qué otro nombre le darías tú dulce URUGUAYO, sino el de un encantador AMOROSO?.

Está bien dijo él,  pronto vas a bailar conmigo mariposa, mientras tu ausente amoroso descansa de tí, dejalo que descanse todo lo que quiera.

 

 

 

 

Amoroso

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