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Amante del virrey Amad protagonizó una relación escandalosa en el siglo XVIII en la ciudad de Lima (Perú) donde se exibía elegantemente ataviada del brazo del virrey que pasaba de los 60 años y podía ser más que su padre. El apodo de Perricholi se cree que se lo puso la sociedad limeña tras escuchar una acalorada disputa entre los dos amantes y donde el virrey la llamó perra chola (en su acento catalán sonaba como perri-choli) y así la llamó la gente cuando querían humillarla.

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María Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza se cree que nació en Lima en 1748 y fue una actriz de teatro donde se inició muy jovencita. De su niñez se sabe poco, solo que su padre fue Josep Villegas nacido en Arequipa y su madre María Teresa de Mendoza que era limeña y consta que tuvieron seis hijos a los que dieron estudios ya que Micaela aprendió muy bien a leer y escribir algo que en aquel tiempo era poco frecuente. Esto le permitió a la niña leer a los clásicos, Calderón de la Barca, Lope de Vega, etc, y a los 15 años debutó en el teatro el Corral de Comedias siendo el dueño su protector que le enseño como comportarse en escena.

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Con la llegada del virrey Amad a Lima la vida de Micaela cambió por completo ya que este muy aficionado en acudir al teatro se quedó prendado de ella y la hizo su amante. Manuel Amat y Junyent podía ser con creces su padre pero la paseaba por Lima con trajes elegantes despertando la envidia y las críticas de la sociedad limeña ya que en ocasiones aparecía paseando con carroza con enchapes de plata. Más de 14 años duró la relación de la famosa pareja durante los cuales Micaela tuvo un hijo con el virrey, Manuel.

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En 1776 el virrey Amat fue cesado de su cargo y tuvo que regresar a España pero le dejó a Micaela una pensión vitalicia y varias propiedades para que vivieran con holgura ella y su hijo, no obstante, durante un tiempo se tuvo que enfrentar a los enemigos y críticos del virrey que llegaron a cantarle canciones ofensivas. Pero Micaela era una mujer valiente y emprendedora y se asoció con el dueño de un teatro con el que terminó por casarse y enviudando años más tarde. Según cuenta la historia de esta mujer, en sus últimos años vistió el hábito de las Carmelitas y realizó importantes obras de caridad lo que hizo que la sociedad limeña perdonara su vida anterior de lujos y excesos.

La Perricholi murio en casa de Alameda Vieja en 1819 con 71 años y se cuenta que su hijo Manuel Amat y Villegas llego a viajar a España cuando supo de la muerte de su padre para reclamar la herencia pero este había tenido otros hijos pues se había vuelto a casar y parece ser que regresó al Perú sin nada.

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