Vergüenza. Sofoco. Bochorno. Rubor. Terror. Pavor. Estupor. Horror. Indignación. Enfado. Incredulidad. Asombro. Extrañeza…

Todo esto y mucho más me invadió la otra noche al ver el anuncio de un esperpento televisivo llamado “ invisibles “ que se emitirá, si la cordura no lo impide, en Antena tres televisión. A todo hay que otorgarle el beneficio de la duda y darle una oportunidad. Pero tan siquiera plantearse el elaborar tan humillante infamia en la situación en la que nos encontramos, es signo de poco corazón y menos cabeza. El argumento no puede ser más indigno; cinco personajes públicos se disfrazan de indigentes e intentan penetrar en su mundo, compartiendo su mala vida. Atreverse a explotar la incuria y la miseria de algunos conciudadanos nuestros en pro de no sé que audiencias, travistiendo a gente de elevados posibles para mutarlos en vagabundos, no sólo es una indecencia y un insulto a la razón. Es una burla hacia el hambre, es una mofa hacia la pobreza, es reírse de aquellos que no saben cuándo, cuánto y qué van a comer y dónde van a dormir.

En una sociedad que pretende ser solidaria, estos experimentos de telebasura sobran. Siento asco sólo de escribir estas palabras dándole pábulo al engendro. Estamos en un país libre y  hay que respetar la libertad de expresión. Yo lo hago. Pero me levanto ante lo que para mí, y es una modesta opinión, constituye una ofensa.

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