serenidad

La anhelada serenidad

En un mundo tal convulsionado como el que vivimos ahora, para algunos hablar de serenidad es hablar en lengua marciana (no existe). La serenidad es al parecer esa emoción olvidada en peligro de extinción, como algunas especies condenadas a desaparecer, del reino animal (entre ellas ballenas, loros…). El ritmo de vida de nuestros días es cada vez más acelerado, haciendo cuesta arriba que; podamos encontrar los tan ansiados momentos de tranquilidad para establecer los fundamentos para nuestro bienestar.

Cuando salimos de nuestras casas cada día, angustiados, apurados, por todas las tareas que nos toca desarrollar, conseguir, lograr, sin pararnos a pensar por unos instantes, en el esfuerzo tan grande que hacemos por esta forma de vida que llevamos. Anhelamos rendidamente el momento en que sea posible alcanzar una vida más tranquila sin asumir que depende en gran medida de cambiar comportamiento y actitud por nuestra parte.

Es válido suponer que la serenidad se ha convertido en algo exquisito solo reservado, para gurús, guías espirituales o tal vez algo que se cultiva o para practicar en sitios sagrados, lejos del mundanal ruido.

Es una necesidad perentoria aprender los fundamentos esenciales que nos lleven a cultivar la serenidad, porque solo en presencia de esta emoción podemos alcanzar el disfrute y el reconocimiento de las cosas buenas, hermosas, de calidad, en la vida.

Son innumerables los autores de cualquier corriente de pensamiento y conocimiento humanístico, de la necesidad que tenemos los seres humanos de crecer ahí donde nos encontremos, este principio tiende a establecer lazos con nuestra mejor manera de ser, cualidades y talentos de tal condición que; estamos conscientes de que son los vehículos apropiados para acercarnos a los demás. La serenidad es una emoción netamente positiva que nos impulsa hacia ese objetivo.

tranquilidad

Luego entonces se establece que; la serenidad es una emoción calma, “serena” (disculpen la redundancia), que sentimos por ejemplo; cuando damos un paseo para disfrutar de lo maravilloso de la naturaleza, cuando buscamos el descanso en el hogar, después de una extenuante jornada de trabajo, cuando estamos acompañados de personas de nuestro afecto, cuando somos solidarios, cuando nos deleitamos escuchando música de nuestro agrado, cuando estamos a gusto por lo que somos y por lo que hacemos.

En fin la serenidad hace que queramos pernoctar en donde estamos, que nos emocione disfrutar de ese momento y que queramos apropiárnoslo para nuestra vida cotidiana. Esos momentos especiales debemos tenerlos en mente para cuando reflexionemos. “Hagamos esto más a menudo” para justamente sentirnos serenos.

Como buscar la serenidad

Son evidencias ciertas de lo beneficioso de hacer ejercicio para nuestra salud física y mental. Hacer una caminata diaria con una duración de 40 minutos, sin las preocupaciones cotidianas, con la mente clara y tranquila, esto puede elevar notablemente las endorfinas (hormonas de la felicidad), y con ello mejorar nuestro estado anímico.

Vivir la vida a consciencia. Lo cual consiste en fijar nuestra atención en cada detalle de lo que hacemos. La generalidad de las veces estamos corriendo de una actividad a otra… Siendo que lo más recomendable sería hacer una cosa a la vez, la productividad crecería y estaríamos más contentos.

Hacer ejercicios de relajación. Aprender a respirar concentrados en ello; meditar aunque sea unos minutos cada día, rezar una oración en las noches o cuando te provoque o repetir una frase positiva que te inspire a vivir plenamente. Estas cosas tan aparentemente sencillas, nos permiten desconectarnos de las circunstancias que nos inquietan. Así; nos conectaremos con la Divina Esencia y la tranquilidad.

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