rubia y morena

ÁNGELA Y NATALIA

Estaba que me llevaba el diablo sentado detrás de mi escritorio en mi oficina donde trabajaba como ejecutivo de ventas. Hacía exactamente tres días que me sentía de esta manera. Este viernes como todos los viernes de los últimos meses de mi vida, creo que seis, salía con mi novia a comer y a bailar a pasarlo bien. Natalia que así se llama ella, es una mujer que tiene suficientes atributos físicos para enamorar a cualquier hombre, alta, cuerpo de afrodita, blanquísima, con una hermosa mata de pelo muy negro en franco contraste con el color de su piel, ojos negros, boca grande bien delineada, bella toda ella. No es todo, esmerada en su cuidado personal, viste con elegancia, realmente es de estas mujeres que viven para agradar, coquetas, de primera impresión son el sueño de cualquier hombre hecho realidad. Secretaria ejecutiva en una empresa transnacional, bien pagada, tenía un lindo apartamento en el centro de la ciudad, lleva una vida cómoda, se mueve en un círculo elegante, su vida social es muy activa, de fiesta y glamur.

Ya, la conozco tal como es

Pero como todo, nada es completo en esta vida, tiene un carácter fuerte, imperativa, sus cosas son ya para ya, cuando se enfurecía era hiriente, sarcástica. Nos conocimos precisamente en un simposio de ejecutivos de venta, como ustedes saben este tipo de evento, luego del trabajo, viene la fiesta, los tragos donde cada quien se agrega al grupo que más le agrade, donde sea aceptado o en ambiente que más se le acomode. Natalia se encontraba en un grupo con otras damas y varios caballeros. Uno de estos hombres estaba encima de ella todo el tiempo, no la dejaba respirar.

En la mesa de trabajo del simposio yo hice buenas migas con una de las participantes, una rubia simpatiquísima y dicharachera simpatizamos desde el primer momento, hablábamos, intercambiábamos impresiones, como es de esperarse nos encontramos en la fiesta de esa noche – hola que tal, solo – estaba, ahora estoy contigo – que bien así no nos aburrimos – al rato le pregunto – quien es esa Venus – cual, esa del traje rojo – Natalia así se llama, somos amigas – preséntame – no – anda no seas mala – si me prometes que no me vas a dejar sola – hecho – vamos – Natalia te presento a un amigo – hola como estás, Alfonso – ella tendió su manita – yo se la estreche sonriente – Natalia, un placer – lo dijo de una manera que me dio escalofríos, tal vez la premonición de lo que vendría después – Después de ese momento, a partir de ahí fuimos inseparables.

Natalia me volvió loco, sus besos, sus caricias, su cuerpo deseado, su manera de gozar la vida, su desparpajo. Al tiempo después de esta vorágine de locura, de pasión ardiente, de fiesta, de tragos yo estaba cansado, quería parar, deseaba un descanso de tanta rumba, de los tragos, de la fiesta. Ella no estaba de acuerdo según su parecer yo era un aburrido, un sonso, un aguafiestas.

Empezaron las peleas, ella quería salir a fiestas, a bailar, yo por el contrario quería estar en casa, viendo televisión, descansando después de trabajar toda la semana, la primera pelea se presenta porque ella quería ir un fin de semana a la playa con unos compañeros de trabajo y yo no quise – ella me dijo si no quieres ir no vayas, yo, si me iré – dicho y hecho – Natalia y yo no somos casados, vivimos en su apartamento, porque ella así lo quiso, teníamos un arreglo, el día que no nos entendiéramos nos separaríamos sin trauma. Como es de saber esto es más fácil decirlo que hacerlo, se crean lazos emocionales, de cercanía y hasta por costumbre. La verdad sea dicha, entre Natalia y yo algo se había roto o tal vez la pasión que nos había unido se consumió, solo queda un rescoldo triste, en agonía, de la llama ardiente que nos ha traído hasta acá.

Comienzo de los conflictos

De allí en adelante todo cambió, vivíamos como perros y gatos, tres días contentos y el fin de semana separados. Esta situación se fue agudizando. En ese ínterin en un fin de semana de esos solitarios que estaba viviendo, me encontraba en la casa como león enjaulado, sin saber qué hacer y a la vez no querer hacer nada. Llega a mi mente la imagen de la rubia simpática que conocí en el simposio, creo que por una carambola de esas que la mente nos juega de cuando en vez, viene a mi mente que guardé su teléfono en una agenda de bolsillo en la cartera, lo encuentro – marco – aló Ángela – quien es – Alfonso no me recuerdas – el del simposio – el mismo – y, ese milagro – me acordé de ti y me dije, llámala no seas ingrato – ha, tu y Natalia no están juntos – Esa es una historia larga – y, tú estás sola – como la una – te invito un helado – si, cuando – hoy si quieres y no tienes otra cosa que hacer – bien, donde y a qué hora - a las 7pm en el… - ok, nos vemos – hasta luego – cuelgo el teléfono y recuerdo a Ángela en detalle – rubia, ojos color de miel, un cuerpo derecho, como un junco, atractiva, tenía lindas piernas – eso sí – alegre, hablaba hasta por los codos, inteligente, ella es de esas personas que hay que conocerlas para aprenderlas a querer, que se te meten dentro poco a poco y ocupan un espacio permanente en tu corazón.

En comparación con Natalia, una mujer explosiva en toda su belleza, Ángela es un opuesto, gratificante, suave, delicada con sentimientos profundos, centrada, amante de la seguridad y dada a apoyar y a dar amor, esa es la opinión que tengo de ella desde que la conocí. Disfrutamos nuestra cita, comimos helados, paseamos, fue algo grato, no hablamos de Natalia lo cual le agradecí. Hablamos de ella, su trabajo, su familia, sus metas personales. Muy sencillas, su trabajo, su familia, casarse un día, y tener hijos, procrear una familia. Básicamente: esposo, hijos, familia – Ángela porque no te has casado – Realmente ya pasé una mala experiencia y no me puedo permitir repetirla es…

Para, vivo acá – era un pequeño chalecito muy bonito con un jardín enfrente. Paré me bajé del carro y le abrí la puerta – te puedo invitar otra vez – por supuesto, cuando tú quieras, solo avísame con tiempo para no adquirir compromiso – ok, yo te llamo – tomé su mano y la retuve unos instantes entre las mías – ella me miró fijamente a los ojos con una tibia sonrisa jugueteando en sus labios – adiós – ya en el carro camino a casa, me sentía henchido de alegría, una alegría extraña porque…

Me felicito por haber llamado a Ángela. Estoy como a cincuenta metros de la puerta del edificio donde vivo, miro a esa distancia un gran auto negro de lujo parado enfrente de la puerta, me estaciono a la orilla de la acera, quedándome dentro del carro, diez minutos después baja Natalia del auto negro, alegre, feliz a mi modo de ver, ella tenía dos días fuera de casa, el vehículo arrancó, ella entró al edificio.

Las pruebas

Guardé el carro en el estacionamiento y subí al apartamento, cuando llegué ya ella vestía una bata, la miré a los ojos y ellos tenía retratado su contento, me quiso dar un beso en la mejilla y aparté la cara – que te pasa – pasaron diez largos segundos y, luego le pregunto – cuando llegaste – hace dos horas – porque la mentira pensé - elucubro – sobran las explicaciones, di media vuelta y me dirijo a la habitación que compartí con ella por meses, tomé un gran bolso y metí dentro de él toda la ropa que encontré de mi propiedad, llegué a la sala y le dije – después vendré a buscar lo que falta – ella - estás loco que te hice – sabrás tú, ya me cansé – te vas a arrepentir – no lo creo – sentía que crecía dentro de mí una rabia intensa por su engaño en el entendido que no era necesario, por cínica – mejor porque ya no quedaba nada entre nosotros, solo una relación de macho y hembra y eso no es suficiente para vivir atado a nadie – al pasar el tiempo logré comprobar todos los engaños de Natalia –

Finalmente

Cinco meses después logré consolidar mi relación con Ángela y, esta vez sí estoy seguro de haber encontrado a la mujer de mis sueños. Nuestro amor es aprueba de todo, hace tres días apenas nos encontramos con Natalia casualmente – hola como están – muy bien y tu – bien, lo dijo de forma evasiva, y que han hecho – nos casamos – bien adiós – echando a caminar presurosamente.

 

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