Ángel y capitel

ÁNGEL Y CAPITEL.

Un sueño suspendido en el ayer --gimió una conciencia--, interpretando ecos en la superficie apreciativa posada en su ángel y capitel.

La columna cree en la existencia “aparecida” y se piensa necesitada del ángel para saberse, cuando desde siempre estuvo anclada en el amor irrenunciable de un espíritu predispuesto a la intuición metafísica en su metamorfosis objetiva, propia de la inducción.

Ángel y capitel  viven la dualidad del ente que experimenta su honestidad vital, cuya percepción se reviste de escepticismo, desengaño en el mundo ocular ajeno. El alma descansa en su materialización, que es lenguaje simbólico del retorno. ¿Es el silfo indispensable al aire? Ambos se habitan de manera esencial, en expresión espontánea unificada… ¿Cómo habremos de comunicar la maravilla que se va? Será conjurada en la imagen.

El mundo como símbolo, espera en el descubrimiento íntimo, individual, de los grandes mundos ignorados que se hacen lenguaje espontáneo en soliloquio exteriorizado, que aspira al monólogo.

¿Es posible llegar a la descripción ante un auditorio mudo, tal vez consecuencia de una alienación sorda heredada? --Se pregunta el afán--, en medio de su incertidumbre generada en la ausencia y una espera temerosa de la amnesia.

Cuando nos interpretamos en los gustos, en el lenguaje afectado a voluntad, ponemos al descubierto la obsesión que somos, esparcida en pequeños fragmentos subversivos… Todo es discurso de la permanencia que escapa en reacción inconsciente. No tememos a la ausencia, sino a la muerte, como probable pérdida del recuerdo y el nacimiento asoma en asociación inminente a ella, como causa natural y consecuencia metafórica en su simbolismo. Es por ese temor primitivo, oculto, que nos obsequiamos en la materia, ese puente hacia el recuerdo en una imagen como inicio en el descubrimiento de lo trascendente, más allá de los contornos.

La humanidad en una conciencia mágica que hace de ella lo derivado en apariencia, adquiere certeza de sí, en su interior y desea unirse; hermanarse de manera auténtica, libre del autoengaño…

Este ángel que descansa en una columna es un obsequio esperanzado en conjurar el olvido y transformarse en historia siempre presente.

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