Territoria geográfico decorado con la bandera de la región.

La frontera entre estribaciones se produce en Despeñaperros, la definición mortuoria y cínica que realmente no es representativa ni premonitoria. Detrás, la aridez se convierte en viento renovado, en pasión… en dosis brutales de esperanza. Los caminos se bifurcan a través de un nudo de autopistas que al desenmarañarse arroja como resultado ocho vías distintas en las que el destino es un nuevo capítulo para el viajero, una representación fiel de la historia, un recogimiento, la oportunidad de ver la vida desde otro punto de vista.

Al-Ándalus se presenta radiante de poderío, sin embargo, su carácter abierto y picaresco evidencia todo su calado hospitalario. De Onoba a Almeriya, de Híspalis a Granatum, de Kart-Oba a Gaiena o de Gádir a Malaka, cualquier camino tendrá como representación la esencia de la Andalucía más clásica sin dejar de lado la aportación de la modernidad que los tiempos inyectan con su curso azotador.

No todo queda allí: cualquier rinconcito entre las grandes rutas aporta el gracejo y el carácter desenfadado que da la tierra, por lo que se hace imposible omitir lugares tan excelsos como Sherish o la lujosa Salduba. El paisaje se convierte en una amalgama sinuosa con limitaciones establecidas por mares y océanos, esos que bañan las costas más radiantes de la vieja Iberia.

Cabe recordar que los lugares nos sirven de escenario, que algunos son extraordinariamente lindos, pero son los individuos los que marcan su trayectoria, la historia, el signo de la cotidianeidad, el dibujo de la sonrisa en la mirada de la patria. El andaluz anda sobrado de léxico, mezcla del castellano deformado con el árabe andalusí, con un tono y un acento tan definido como reconocible: cada provincia con el suyo, cada lugar con su firma, cada individuo con su impronta.

Andalucía, la alegría de España que sacará lo mejor de ti poblando tu mente de bellos recuerdos.

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