Anastasia

ANASTASIA NIKOLAYEVNA ROMANOVA

Anastasia Nikolayevna Romanova de Rusia, Gran Duquesa e hija del último zar de Rusia, fue un miembro de la familia de Romanov. Anastasia es un personaje envuelto de muchos misterios que han despertado el interés de un gran público. Muchas son las historias que se han contado y publicado sobre ella. Es más, se ha rodado incluso una película sobre Anastasia y otra de dibujos animados. Pero, ¿quién era en realidad Anastasia Nikolayevna?

ANASTASIA NIKOLAYEVNA ROMANOVA

Anastasia Nikolayevna Romanova nació el 18 de junio de 1901 en el palacio de Peterhof en Rusia. Anastasia era la cuarta hija del ZAR NIKOLÁS II y su nacimiento presentaba una gran decepción para su familia, puesto que anhelaban la llegada de un hijo varón para asegurar la línea de sucesión al trono. Anastasia Nikolayevna, igual que sus tres hermanas mayores, recibió el título de Gran Alteza Imperial por su derecho de heredera al trono, respetando siempre la línea sucesoria.

Tanto ANASTASIA, como sus tres hermanas, recibieron una educación austera, a pesar de haber nacido en una familia de grandes riquezas y poder. Cuenta la historia que dormían en camas incómodas y aprendían a cocer; de este modo, se arreglaban ellas mismas sus propios vestidos. Mediante su educación se pretendía evitar que el poder y su origen se les subieran demasiado a la cabeza y aprendieran a ser personas más humildes. Aun así, no les faltaban ni la educación ni los estudios para convertirse en personas bien preparadas.

Anastasia Nikolayevna Romanova, muy querida entre el personal de servicio del palacio, era una niña muy vivaz y llena de energía. Existen relatos de sus travesías que muestran su gran genio de múltiples travesuras a lo largo de su infancia. Nacería más tarde otro hijo del zar, esta vez un varón. No obstante, éste sufría desde pequeño graves problemas de salud y el único que parecía tener poder sobre su estado de salud era Rasputín, un extraño clérigo al que se le atribuía cierto poder que limitaba a la magia. Además, le perseguía una fama dudosa y de ser mujeriego. No obstante, se convirtió en un gran amigo de la familia del zar, sobre la cual poseía una gran influencia e indudable poder.

Sin embargo, comenzó la Revolución Rusa en 1917 y los bolcheviques se hicieron con el poder. Como consecuencia, la familia ROMANOV (el zar Nicolas II, su esposa, sus cuatro hijos y su hijo más pequeño que nació después de Anastasia, así como el personal del servicio) fue arrestada. En 1918, toda la familia fue fusilada y se acabó con todo un imperio. La familia fue Romanov fue enterrada en una fosa común. Desde entonces, no se tardó en crear y divulgar una serie de leyendas. Decían que el cuerpo de Anastasia y su hermano más pequeño no se hallaban entre los restos de sus familiares en la fosa común y que existía la posibilidad de que no hubieran caído en el fusilamiento. Se podían haber hecho los muertos y aprovechado una oportunidad que se les presentaba para huir de aquel lugar para luego esconderse y comenzar una nueva vida. La supervivencia y posterior huida se explica por la ropa que llevaban las niñas, las hijas del zar. Como ellas mismas se cosían su propia ropa, habían insertado sus joyas personales en la ropa a modo de escondite para conservarla y estas mismas servían después involuntariamente de coraza para no ser heridas de bala. A modo de engaño, Anastasia se hiciera la muerta para aprovechar posteriormente un momento en el que no estuvieran supervisadas para huir y esconderse en los bosques.

Desde este momento, se creó el punto de partida para incrementar la fantasía humana y comenzar a crear diferentes historias. En los años siguientes eran varias las mujeres que afirmaban ser Anastasia, así como varios testigos que afirman haberla visto y reconocido. No obstante, se realizaron pruebas de ADN y ninguna corroboró la verdadera existencia de Anastasia Nikolayevna. Más bien, los historiadores y científicos siguieron con las investigaciones y pruebas. Finalmente, dieron con los restos de Anastasia y su hermano pequeño medio quemados en un bosque cerca de Ekaterimburgo y certificaron su muerte. Pero la leyenda, en la mente de muchas personas deseosas de soñar, sigue viva para recordar a esa niña que se escondía tras el nombre de Anastasia Nikolayevna Romanova.

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