Anader Guan

Remember a Medardo Ordóñez, quien daba inicio a la clase de ingles como profesor encargado, señalando los libros con su singular pronunciación, anader guan, anader que?, repetía, anader guan, lease another one. Profesor encargado, por que el teacher titular estaba como de costumbre postrado de aguda crisis reumatoide, que de forma traicionera, como todas las crisis, lo había atacado.

Medardo aterrizo en el colegio, luego de un periplo iniciado 30 años atrás, habiendo trabajado durante muchos transparentes años en una monótona fabrica de vidrio, la verdad, la única existente, desempeñándose como contabilista su autentica profesión. Después de lograr obtener la anhelada pero exigua pensión de jubilación, proeza comparable en este país, a escalar vendado el monte Everest, a merced de bandas de asaltantes, excepción desde luego como todas las reglas, de los ilustres senadores y lideres sindicales, quienes, ellos si obtienen desde la mas tierna infancia vulgares pensiones, vulgares por lo fabulosas y desproporcionadas, envidiadas hasta por Bill Gates.

Ordóñez buscando mejorar sus ingresos probo como académico, perfecciono su entrenamiento en la docencia y la contaduría otros tantos años con los reverendos hermanos misioneros o con los recoletos descalzos da igual, teniendo la oportunidad de conocer de excelente fuente eficaces técnicas y mañas de evasión y camuflaje a los impuestos, logrando el fraude con la aplicación de tales métodos, ocultando al erario publico las ganancias, apareciendo contrariamente como míseros indigentes, ante el arbitrario Estado. Emulando a mayores jerárquicos en sus inmunidades y privilegios

Después de aquellas enriquecedoras experiencias, llega a nuestro centro educativo como contador, y le brindan la oportunidad de dictar la repelente cátedra contable; centrada esta en los inviolables “El debe y El haber”, señalados en papel milimétrico, en diminutos cuadros, propio para caligrafistas, delimitados por columnas de líneas rojas y verdes respectivamente. Anader guan.

Materia académica dictada generalmente los sábados, por que en aquel tiempo, también se practicaba la educación aquel sagrado día judaico del fin de semana. Aparecía nuestro educador con notable vestimenta de viajante, por lo menos así el lo creía, pues a su indumentaria corriente le agregaba una cachucha de ancha visera, botas de campaña, y una acolchada chompa azul. Vulominosa prenda forrada en su interior por un tupido fieltro de peluche, a manera de piel de carnero, textura que se extendía cubriendo la abultada solapa. Dando la sofocante sensación este remedo de esquimal, de estar envuelto por un pesado colchón, impidiéndole como a cualquier astronauta ágiles movimientos. Dicen que su peculiar figura inspiro al diseñador del símbolo de las famosas llantas francesas Michelin.

Indumentaria que nos permitía preguntarle a que se debía el cobijado envoltorio, dando pie para indicarnos de la existencia de su orgullosa finca, que mas era una pequeña parcela que poseía en Cachipai, cercano municipio de clima medio, ubicado al sur occidente de Bogotá, donde la sabana se despeña en vertiginosas laderas y profundos abismos que se detienen en el fértil valle del magdalena. Terreno heredado gracias a la esterilidad de su tío el General de la guerra de los mil días, Deogracias Armando Carrera O. Única guerra donde dicho sea de paso, todas las familias de provincia o de la capital tuvieron su General, orgulloso antepasado heráldico en tierra de indias buenas. Dando la impresión de ser en la historia una contienda librada exclusivamente por batallones de generales por su proliferación en las filas y no por ejércitos de soldados.

Decía el bilingüe heredero, que aquel fecundo campo, era propicio para el cultivo del café y los plantíos de árboles frutales, afirmación que cumplía. Por eso cada fin de semana el educador se ponía en febril movimiento hacia su mimado predio, cargando siempre jotos y envoltorios, unas veces con semillas, funguicidas, herramientas, otras con crías de pollos, conejos, cerdos, uno que otro cachorro canino o felino. Así lo veíamos al medio día de de los sábados educativos, partir contento con sus atavíos, caminando rápido con ademanes de alegre despedida carretera abajo, abarrotado de ilusiones y esperanzas. Los mejores deseos para que todo ese desbordante entusiasmo haya tenido un final apropiado.

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