LLAMAR para ANA era confirmar que aún estaba vivo algo necesario para estar feliz. Desde que era niña hacía largas filas en su colegio para llamar a su mamá. Solo para escuchar su voz que le devolvía la tranquilidad frente a la incertidumbre de estar sola. Dicha incertidumbre era por cierto, las primeras puntadas de una larga conversación temerosa que Ana  sostendría con la ausencia, que no la abandonaría sino hasta el momento tal vez que la entendiera.

Ana sabía que su única esperanza frente a esta relación complicada e intensa, era lograr reconciliarse con la posibilidad de estar realmente sola, ¿qué significaba eso para Ana?. Aquella mañana cuando ya era adulta, mientras simplemente empezaba el día, supo por fin que sus llamadas buscaban ratificar que estaba el otro ahí, igual, sin cambios, que ese otro le seguía amando, escuchar su voz le devolvía una seguridad incierta que perdía y rescataba una y otra vez.

Desde muy niña le pareció que el AMOR es caprichoso, que ella estaba sumergida en una batalla por su permanencia no solo para ella sino para el mundo; sospechaba que el amor era un aire que tomaba sonidos, que le daba el aliento, pero que por razones con las que se debatía de repente se escabullía, parece que ella era culpable de algo de esto. Ana no lo controlaba, pero sentía que ella hacía que le amaran, así como hacía que la dejaran. Supo aquella mañana que su afán al llamar a sus amores, era la necesidad de confirmar que aún le amaban, una y otra vez, vivió que el silencio era sinónimo de desamor. 

ANA debía conquistar la angustia del desamor, para lograr ser libre. Recordaba que de niña el amor era sinónimo de aceptación condicionada, si hacía algo mal, el amor se iba. Llegaba el rechazo, el aislamiento, la culpa, la angustia. Ella trataba de confirmar con su llamar que todo estaba bien, para el otro. ANA nunca supo si para ella estaban bien las cosas, solo se esforzaba en que estuvieran bien para su amado, pues eso le devolvía la tranquilidad de ser ella amada, y así, su conversación con la ausencia quedaría de nuevo aplazada.

¿Qué había perdido ANA que necesitaba reencontrar en cada llamada, en cada amor?¿por qué lo que perdió se le presentificaba en la ausencia del otro? ¿ a qué le temí tanto Ana? ella sabía que debía tratar de encontrar la salida, talvez en el laberinto de su padre encontraría pistas, TAL VEZ. Podría aparecer un príncipe que AMARA esta locura de Ana, un otro que por amor entendiera lo que ella aún no, pero sabía que aunque le requeriría andar por caminos nuevos, a aquel caballero no volvería a LLAMAR, tal vez.

 

 

 

 

 

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