Cuando es verdadero, lo sientes.

Porque al amor cierto lo arrulla esa suave certeza

Que flota en cada pulso,

En las miradas angeladas,

En las manos entrelazadas.

El amor verdadero,

El amor del bien,

Es manantial de protección,

Elixir para el alma.

No te engañes,

El amor verdadero no es zona

De descanso fácil.

Porque nada es simple

Si a la vez es pasión y fuego.

Es cierto que el amor del bien

Puede ser también llamarada impetuosa,

Ansiedad hecha de angustia,

Volcán frenético,

Zona de incertidumbre.

Pero no confundas esos torbellinos dulces

Ante la magnificencia de lo que desborda el alma,

Con la punzante daga filosa del amor que es falso.

Porque cuando el amor parece falso,

Es camino sin retorno.

Y los dos lo sabemos.

Porque los amores falsos son indisimulables,

Pretenden esconderse detrás de la máscara

De un cielo grácil, pero no pueden dejar de revelarse.

Esa mirada que llega  a destiempo,

O que no llega,

Ese abrazo sin sustancia,

Ese estar definitivamente en otra parte;

Son su miseria y su condena.

No sufras en vano.

Mata con cuchillo filoso lo que ya está muerto

Porque puede matarte.

No te entregues al error del alma.

No finjas ver lo que no ves

Ni ignores la evidencia revelada

En tu corazón sufriente sin sentido.

Desenmascara para siempre la trampa.

Porque no hay peor sacrilegio que el de alimentar

Amores falsos, por la ilusión de que sean verdaderos.

El amor del bien,

El amor del mal.

Sabes de qué se trata.

No cometas la torpeza de olvidarlo.

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