Amores imposibles: síndrome de Romeo y Julieta

Cuando los padres descubren que alguno de sus hijos se ha enamorado, según ellos, de alguien que no les conviene se oponen a la relación. 

Y toman una de las peores decisiones que se pueden tomar, les prohíben que se vean. Van más allá y controlan todos sus movimientos, comportándose como auténticos detectives, todo con el único objetivo de que la realación se rompa. Así ellos se pueden quedar tranquilos y evitan, siempre según ellos, que sus hijos sufran. 

Prohibir solo genera más deseo

Los padres que se comportan así no pueden estar más equivocados, porque cuando una pareja se enamora viven en un estado de emociones descontroladas y piensan que nunca antes han estado mejor. Por eso no dejarán que nadie se meta en sus sentimientos y, si alguien lo hace pasará a convertirse en uno de sus mayores enemigos.

Se producirá el efecto contrario al que los padres buscan, el amor que sienten ambos irán en aumento y, lucharán con uñas y dientes por defender lo que sienten, no escucharán consejos ni a aquellos que quieran disuadirles para que dejen la relación. 

Por lo que estarán en permanente tensión y lucha, afectando incluso a su rendimiento en el trabajo. 

Amores imposibles: síndrome de Romeo y Julieta

Normalmente, cuando los padres se oponen a una relación es porque la persona elegida no pertenece a la misma clase social. 

Parece que no se dan cuenta que cuando alguién se enamora de verdad lo último que importa es el dinero que tenga. 

Por otro lado, los padres tienen que darse cuenta de que no son los dueños de la vida de sus hijos, sí pueden quererles y tratar de orientarles, pero nunca deben intentar vivir la vida de sus hijos. 

Es fundamental que haya comunicación

Un factor fundamental es que haya confianza en los hijos, ya que a partir de ahí es cuando se producirá una mejor comunicación. El mejor modo para conseguir esa comunicación es dando también, lo que no pueden pretender los padres es que sus hijos confíen en ellos, si no son capaces de confiar en sus hijos. 

Respetar la decisión

Es lógico que los padres quieran lo mejor para los hijos, ya que desean que sean felices y que no tengan que sufrir por nadie. Pero esa protección les lleva a equivocarse ya que insisten una y otra vez en que se han confundido en la elección. Por lo que es normal que los hijos se sientan invadidos y también creen que no se respeta la decisión que han tomado. 

Y no deja de ser contradictorio que varios siglos después de que Shakespeare escribiera Romeo y Julieta. Los amores imposibles: síndrome de Romeo y Julieta, sigan produciéndose con mayor frecuencia de la que muchos puedan imaginar. 

 

 

 

 

 

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