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                         Amor y adulterio

 

Si; hoy al levantarme como todos los días a la hora acostumbrada seis treinta am, se están cumpliendo seis meses de la partida de mi esposa en un día tal como hoy. Soy médico, me encuentro en mi consultorio recostado en mi sillón con los ojos cerrados, lo que he vivido de tres años para acá, está pasando ante mis ojos como una película de alta definición. Llegué a esta ciudad luego de tener un año y medio de haberme graduado de médico; casi de inmediato comencé a trabajar en el sistema nacional de salud, donde lo que ganaba me alcanzaba apenas para lo más imprescindible. Eso me obligó a repensar mi vida, tomando la decisión de probar suerte en otra parte. Por eso estoy aquí en esta ciudad que me ha tratado tan bien.

Para no hacerles más largo el cuento, me voy a ahorrar los detalles, solo les diré que; tengo un consultorio propio por lo que me siento feliz, económicamente tengo más de lo que necesito, luego de tener un año acá, conocí a Esther, una mujer hermosa por donde se le mire, estatura mediana, un cuerpo que daba vértigo, sin embargo dentro de sus atributos más resaltantes; un rostro que opacaba todos los demás, ojos pardos muy claros, en contraste con el color de su piel de un canela dorado como el producido por el sol de playa, boca grande impecable, nariz pequeña y una sonrisa de ensueño, tenue, delicada que iluminaba su lindo rostro cuando estaba contenta, feliz. Seis meses de noviazgo nos bastaron para luego contraer matrimonio, tuvimos una boda grandiosa con unas expectativas maravillosas con vista al futuro.

Visión de recuerdo

Me incorporo, miro el reloj, tengo diez minutos teniendo una visión retrospectiva de los tres últimos años pasados, me levanto voy al baño, donde me hecho mucha agua en el rostro, para terminar de despabilarme. Retorno al consultorio tomo asiento, abro el intercomunicador- – Rosita, por favor pasa al siguiente- – leve toque en la puerta – estoy inclinado en mi escritorio – -buenas tardes- – era una voz de agradable timbre, joven, lo cual me hace levantar la cara de los papeles que estaba revisando – y ¡oh¡ grata sorpresa – frente a mí se encontraba una joven de aproximadamente veintidós o veintitrés años, blanquísima, pelo negro brillante que le caía sobre los hombros, peinado en raya por el medio, tenía figura elegante, ojos negros, cejas finas, nariz recta y una sonrisa que iluminó toda la estancia, enseñando una dentadura perfecta- – hola como está- dije – bien- – dígame que la trae acá- – ella se apretaba las manos una contra otra – dime con confianza – Doctor, su sonrisa se hizo nerviosa – bien la animo a proseguir – -es que hace algunos días me está doliendo el vientre- – hunn – -este dolor es continuo o intermitente- – más bien intermitente – -bien pase detrás del biombo desvístase y póngase una bata y acuéstese en la camilla avíseme cuando esté lista ok- – ella me miró azorada y preguntó -es eso necesario- – la miro condescendiente – -no temas, tranquila- quiero saber el origen de ese dolor- – Dr. Por favor soy virgen y… - niña por favor; te prometo que este es un examen superficial, no te preocupes- – tal vez a ella le asusta que soy un hombre relativamente joven, treinta y tres años, atractivo dicen algunas féminas, a mi edad ya tengo algunas canas, alto, nada extraordinario, trato amable, profesional – bien – estas lista niña – si en voz bajita – entro al cubículo – ella se encuentra tendida en la camilla – Dios mío que mujer más preciosa –

El conocimiento

Me acerco a la orilla de la camilla – pregunto- dime donde sientes el dolor- digo esto mientras me pongo los guantes, – ella me señala el lugar poniendo su mano en el vientre- – es acá – en ambos lados- – si – ausculto por encima de la sábana, tocando con mis dedos suavemente, en la zona adyacente a los ovarios- – acá – si – presiono un poco – hay- exclama- – bien vístase por favor y, salgo – me quito los guantes y tomo asiento detrás de mi escritorio – impresionado todavía por la preciosidad de mujer que se encontraba a solo unos pasos de mi escritorio – sale ella y se queda parada cohibida, escondiéndome los ojos – ensayé mi mejor sonrisa y la invité a sentarse frente a mi – tomo mi libreta de notas – como se llama- – Mari An …, edad, - veinticuatro años – soltera- – si – tiene novio – la miro fijamente a los ojos tratando de mostrarme ecuánime – si- – hice a un lado mis notas, suspiré – pues bien Mari An – tu período es normal - si, Doctor – no te asustes, aparentemente no es nada serio, presentas una pequeña inflamación de los ovarios, por lo cual te voy a recetar unas pastillas que tomarás cada ocho horas, por lo demás hasta dónde puedo ver, gozas de buena salud, de todos modos quiero que te hagas estos exámenes que te estoy mandando para estar seguros – hable con mi secretaria para la próxima cita – -ella- me miro especulativamente – preguntando – -es todo- – me pareció ver un rictus de desilusión – ¿oh no? – ¿me equivoqué? – De ahí en adelante, trabajé como un desesperado, quería terminar el día, estaba lleno de ansiedad – cuando Rosita me avisó por el intercomunicador que no había más pacientes, suspiré aliviado – suena el intercomunicador – Rosita – Doctor Alex, me voy, todo está arreglado en mi escritorio, no lo olvide, hasta mañana – -hasta mañana corazón-–

Recordé que tengo una botella de licor metido en un archivo – me levanto – que por que tengo licor en mi consultorio – algunas veces no quiero ir a mi casa para no encontrarme con esa dolorosa soledad, que siento a veces que me ahoga – hoy será una de esas noches – me sirvo un trago con hielo y me voy al anexo del consultorio donde tengo alguna comodidad, incluso para pasar días sin salir de acá.

En tiempo pasado

Re tomo el hilo de los pensamientos donde los dejé anteriormente. Mi vida al lado de Esther hasta seis meses antes de dejarme sin ninguna explicación, fue realmente buena: Ella es una mujer apasionada, buena cama, sabe hacer el amor, con esa cualidad innata de algunas mujeres, excelente amante, coqueta, tal vez el problema es que ella lo sabía y usaba sus facultades a conciencia, adquirió esa experticia por instinto y aprendió a dosificarla, según su conveniencia. Nunca ponía impedimentos para hacer el amor. Después de algún tiempo empecé a notar algunos cambios en su forma de ser, se puso exigente, mientras más la complacía más exigente se tornaba. No quería vivir en nuestra ciudad, cada día me repetía que nos fuéramos a una ciudad mayor, yo; le contestaba, estamos bien acá, tenemos una bella casa, con todo lo necesario, lujos, dos autos, consultorio propio con todo su equipamiento, con dinero más que suficiente en el banco, lo único que nos faltaba era un hijo para que nuestra felicidad fuera completa. Ella no quería tener hijos, nunca me dio una razón para no tenerlos, yo; por mi parte me prometí tener paciencia, la quería tanto.

Las cosas se fueron agravando y con ello nuestra relación se fue enfriando, solo funcionaba cuando hacíamos el amor. Surgió una pared entre los dos, ni siquiera los consejos de su madre hacían mella en ella. Empezó a tener salidas cada vez más recurrentes, nunca estaba en casa. Una noche me la encontré muy arreglada como para salir, estaba sentada en una butaca – me acerco para darle un beso en la mejilla; ella me toma por el cuello y me besa apasionadamente en la boca – te estoy esperando, me dice – vamos a salir anda, llévame a cenar y después quiero bailar – en honor a la verdad no me apetecía nada, para complacerla seguí a arreglarme – ya en el restaurant ella estaba radiante, su sonrisa era como otros tiempos, me contagió su alegría, luego de cenar pasamos a la sala de baile, pasamos una noche feliz – cerca de media noche regresamos a casa – un trago de antes de dormir, me dijo tendiéndome un vaso con licor – vamos a la cama en un ambiente que presagiaba delicias en el altar del amor, en el tálamo matrimonial - Entre suspiros y quejidos ella me dijo – Alex nunca dudes que te amo, si algún día te faltara o me separo de ti, quiero que sepas que no es por desamor, es porque te amo demasiado ¿Por qué dices eso? Tonterías mías, no me hagas caso- Esa noche hicimos el amor con desesperación, dándole rienda suelta a nuestra pasión, hasta el dolor físico.

A la mañana siguiente, me levanté a la misma hora de todos los días seis treinta de la mañana. Esther estaba despierta, antes de salir me incliné sobre la cama para darle un beso – ella se colgó de mi cuello y me dio un largo beso en la boca que sentí salado, cuando me soltó observé que tenía los ojos anegados en llanto – porque lloras pregunté – es que te amo tanto – hasta la tarde digo – adiós mi amor – sentí una punzada en el corazón, luego pensé; son figuraciones mías – Fue la última vez que la vi – los días que pasaron después de esto, representaron una enorme tragedia para mi, habían tantas preguntas sin respuesta, cancelé una semana entera mi consulta. Se dice que después de la tormenta llega la calma. Regresa la serenidad a mi espíritu, el trabajo fue mi mejor medicina. Su pobre madre no sabía darme una explicación. Empecé a recordar sus palabras la última noche que pasamos juntos y se aclaran las cosas hasta donde pueden aclararse. El sueño me vence y me refugio en los brazos de Morfeo.

La resolución

Han transcurrido casi once meses de la ida de Esther, recuerdan a Mari An; resulta que esta hermosa niña y yo; nos hemos relacionado, les comento, me siento sumamente agradecido con la Divina Providencia, mi fortuna no tiene límites. Ella Mari An, tiene una prematura madurez para sus años, se ha adueñado de mi amor, suavemente, incluso cándidamente, la relación con mi niña así la llamo, me llena totalmente; cuando quiero a la amiga ahí la tengo, e igualmente cuando deseo a la amante su pasión desborda mis requerimientos. Mari An desea con vehemencia ser madre, pero yo; no quiero que así sea hasta que sea mi esposa. Tres meses después aún no está resuelta nuestra situación, sin embargo tengo la esperanza de resolverla pronto. Estoy en mi consultorio pasando mi consulta – -tocan a la puerta, – pase- – entra Rosita con un sobre manila dirigido a mí, me hace entrega del mismo y me dice – -Están esperando que firme los documentos que que se encuentran dentro – abro el sobre y leo – son los documentos del divorcio y un sobre más pequeño que dice solamente “personal”. Firmo los documentos – -Rosita quien trajo esto- – un hombre Doctor que está ahí afuera- – que te dijo- – nada- que firmara los papeles y se los regresara – entrégaselos – sale Rosita – tengo en mis manos el sobre marcado personal – lo huelo – se retuercen en mi mente, mil recuerdos, al aspirar aquel perfume que llenó una parte de mi vida – lo abro, las manos me tiemblan, se agolpan mis sentimientos, mi corazón se acelera, – leo- – Alex, mi amor hoy más que nunca se cuanto te quise, a la distancia no sería normal aferrarme a este amor, que yo; traicioné cuando te fui infiel, jamás tuve esa intención, ello fue una incongruencia del destino, jamás mereciste esa traición, mi caída no tiene justificación, ni siquiera en la más peregrina de las defensas tendría validez, sería estéril. Mi ambición me perdió y caí aun queriéndote como te quise y aún te quiero. Sé que estas enamorado y quieres casarte, tener hijos, tu anhelo que yo no supe apreciar. Por eso quiero dejarte libre para que lo hagas, te lo mereces. Para terminar no quiero que te amargues la vida pensando que fracasaste, el fracaso fue mío. Te amo, que seas feliz. Perdóname, Esther.

La liberación

Me siento liberado- mi tención se disipó, las aguas recobran su nivel, llamé a Mari An contándole todo, -ella lloraba de emoción- Tres meses después Mari An y yo; nos casamos, ocho meses más tarde nos convertimos en padres de una hermosa niña. Hoy en un momento de relax pienso en Esther, repasé nuestra relación conyugal, concluyendo; no todo fue malo, guardo recuerdos gratificantes de lo nuestro. Esther donde quiera que estés, te deseo lo mejor, que Dios te cuide ya yo; te perdoné, sé feliz. Mari An que en ese momento entraba en la casa, se quedó mirando mi sonrisa y dijo jocosamente – el que solo se ríe de su picardía se acuerda – le mando un beso con la punta de los dedos – así era ella, por eso la amo.

 

mancha1

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