A menudo solemos reflexionar acerca de este "trágico" concepto. Digo trágico porque he llegado a la conclusión de no saber que es peor, si estar enamorado o tener el corazón roto a causa de haberlo estado. Aunque, como dice un dicho, para gustos los colores ¿no? y a fin de cuentas cada uno tiene su propio perspectiva acerca del amor.

Es cierto que la vida en pareja es maravillosa... pero ¿Qué sucede cuando volcamos toda nuestra felicidad en otra persona?, ¿Qué sucede cuando nos volvemos dependientes de alguien?, ¿Qué sucede cuando nos falta esa persona?. Exacto. Es lo que estáis pensando. De repente tu vida no tiene sentido.

El otro día escuche a Dani Rovira, para mí gusto uno de los mejores cómicos de nuestro país, decir que no solo debemos enamorarnos de nuestra pareja si no también de nuestros amigos, de nuestra familia familia, de nuestra  profesión, de la vida en general. Y no podía estar más de acuerdo conforme iba escuchándolo. Quizás eso es lo que nos deberían enseñar desde muy pequeños, a amarlo TODO y ya que estamos también deberían enseñarnos que "te quiero", "gracias" y " lo siento" son palabras que están permitidas usarse, sin tener que avergonzarnos de pronunciarlas. 

De cualquier manera, me gustaría enseñaros un poema que leí una vez y que hoy he rescatado. Habla sobre el amor desde una perspectiva que nunca antes había visto, lo que me hizo darme cuenta de que este sentimiento es capaz de cambiarlo absolutamente todo.  La primera vez que lo leí,  me quede en silencio unos minutos. Creo que es lo más bonito que he leído en bastante tiempo, por no decir que refleja a la perfección lo que es el amor cuando uno quiere y el otro se deja querer porque, no nos engañemos, en toda relación siempre habrá uno que se deje querer y otro que quiera ... hasta que en un giro inesperado del destino, tal vez, se cambien los papeles. 

Como iba diciendo, este poema es de un individuo llamado Neil Holborn que padece un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Es decir tiene pensamientos repetidos y a menudo padece una ansiedad que desemboca en obsesiones. Es por ello que esta clase de personas repitan una y otra vez aquellas cosas que no salen de su mente como por ejemplo el simple hecho de cerrar la puerta e ir a comprobar cinco veces si la cerró o no. 

 

Aquí os lo dejo. Espero que disfrutéis tanto como yo cuando lo leí.

“La primera vez que la vi…
Todo en mi cabeza se silenció
Todos los ticks, las imágenes constantes desaparecieron.
Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.
Inclusive en la cama estoy pensando:
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
¿Cerré las puertas? Sí
¿Me lavé las manos? Sí
Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de la horquilla de sus labios.
O la pestaña en su mejilla–
La pestaña en su mejilla–
La pestaña en su mejilla.
Sabía que debía hablar con ella
La invité a salir seis veces en treinta segundos.
Ella dijo que sí después de la tercera,
pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien así que tenía que seguir haciéndolo.
En nuestra primera cita,
pasé más tiempo organizando mi comida por colores de lo que pasé comiéndola o hablando con ella.
Pero le encantó.
Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme 16 veces, o 24 si era miércoles.
Le encantaba que me tomaba todo el tiempo caminar hacia casa porque había muchas grietas en la banqueta.
Cuando nos mudamos juntos ella dijo que se sentía segura,
como si nadie nos fuera a robar porque definitivamente había cerrado la puerta 18 veces,
Yo siempre veía su boca cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba–
Cuando hablaba;
Cuando me dijo que me amaba, su boca se curveaba hacia arriba en los bordes.
En la noche ella se acostaba en la cama y me veía apagar todas las luces, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas.
Ella cerraba los ojos y se imaginaba que los días y las noches pasaban frente a ella.
Algunas mañanas empezaba a besarla para despedirme y ella sólo se iba porque estaba haciéndola llegar tarde al trabajo.
Cuando me detenía en las grietas de la banqueta ella seguía caminando.
Cuando me decía que me amaba su boca era una línea recta.
Me dijo que estaba tomando mucho de su tiempo.
La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.
Me dijo que nunca debió dejarme apegarme tanto a ella; que todo esto fue un error,
pero… ¡¿Cómo podría ser un error que no tenga que lavarme las manos después de tocarla?!
El amor no es un error y me está matando que ella pueda salirse de esto y yo no.
No puedo–
No puedo salir y encontrar a alguien nuevo porque siempre pienso en ella.
Usualmente, cuando me obsesiono con algo, veo gérmenes escabulléndose en mi piel.
Me veo a mí mismo siendo atropellado por una infinita línea de coches.
Y ella fue la primera cosa hermosa en la que alguna vez me he estancado.
Quiero despertar todas las mañanas pensando en la manera en la que agarra el volante.
Cómo mueve las manijas de la regadera como si estuviera abriendo una caja fuerte.
En cómo sopla las velas–
cómo sopla las velas–
cómo sopla las velas–
cómo sopla las velas–
cómo sopla…
Ahora sólo pienso en quién más está besándola.
No puedo respirar porque él sólo la besa una vez­– ¡No le importa si es perfecto!
La quiero de regreso tanto que…
Dejo la puerta sin cerrar.
Dejo las luces prendidas”

 

 

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