El amor y la indiferencia

Si hay algo que sobra en el amor es la indiferencia, ambos aspectos no se pueden compatibilizar. Todos sabemos que amar es tener presente a la persona amada y darle todo tipo de atenciones lo que es contrario a la indiferencia.

Es seguro que estos dos términos no pueden convivir juntos y mucho menos durante un tiempo prolongado. Ya que está claro que una de las principales virtudes del amor es prestar atención a la persona amada. 

El recurso de la indiferencia

A veces, hay circunstancias como el dolor, sufrir una depresión o un disgusto en las que puede ser comprensible que aparezca la indiferencia hacia la pareja y se utilice como arma de castigo hacia ella. Incluso puede ocurrir que en ocasiones, la indiferencia se utilice como recurso para expresar el deseo de romper la relación, pero tratando de no asumir ninguna responsabilidad. Dicho de otro modo, te ignoro durante un tiempo y siembro la desilusión y después me sorprendo si me piden una ruptura. 

Si hay indiferencia no servirá para alimentar la relación, más bien al contrario solo hará que esta se enfríe. 

La indiferencia y la convivencia

La mayoría de personas se dejan engañar por aquellas parejas que llevan muchos años de convivencia siendo indiferentes. La idea principal es la de disfrutar juntos y no la de establecer un récord de resistencia. No hay que obsesionarse con la idea de perdurar sino tratar de tener satisfacciones juntos. 

Es más indicado expresarse con autenticidad y respetando al otro, no se trata de convencer y estar de acuerdo en todo con la pareja. De este modo es casi seguro que llegarán los puntos de acuerdo y no tienen que ser precisamente al momento. No hay ninguna persona invisible que pueda llegar a sentirse amada. Por eso no se puede confiar en una confesión repentina de amor cuando se ha estado meses o incluso años alejado de su pareja. 

El romanticismo y la indiferencia

Cuando aparece la primera señal de separación, es cuando vuelve el romanticismo perdido. Es prácticamente imposible creer en esos cambios que se producen de un día para otro. De igual modo tampoco es creíble que alguien que ha estado ignorándome durante tanto tiempo diga ahora que no puede vivir sin mí. Si realmente me ha amado es casi imposible entender dónde lo ha tenido escondido. Cuesta mucho creer que solo ante la posibilidad de que se puede producir la ruptura o pueda aparecer otra persona, se haya dado cuenta de mi existencia. Por desgracia, cuesta mucho trabajo convencer a alguien de que lo amamos cuando lo hemos estado ignorando durante meses. 

Conclusión

Ninguna persona está obligada a alargar la relación, ni mucho menos aquellos que pretenden sabotearla con la indiferencia. Cada uno es lo que quiere ser. Si realmente las cosas van bien hay que seguir, y si surgen los problemas hay que solucionarlos mediante el dialogo. 


 

 

 

 

 

 


 

 

 

Amor, amor

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