Ella le miró a lo lejos. Sabía que algo estaba ocurriendo. Eran muchos años juntos como para no adivinar sus sentimientos. Últimamente casi no hablaban. Él evitaba siempre el contacto con ella. Ningún roce. Ningún gesto de cariño. Ni tan siquiera compartían el calor en la cama. ¿Qué estaba pasando? ¿quería marcharse,dejarla? Él le había amado hasta desfallecer. Y ahora nada. Cierto es que ella había cambiado. Su cuerpo yo no era firme y duro. Pera él también había sufrido los embistes del tiempo. Antes él la poseía con fuerza, con pasión, incluso con ese toque de violencia que le hacía enloquecer. Ahora todo era rutinatio, simple, algo ritual y espóradico. Antes él la buscaba con la mirada y cuando se entregaba todo desaparecía. eran solos ella y él. Solos los dos. Ella con la cabeza sobre su pecho, extenuada, mientras él le acariciaba el pelo. Ahora amarse era un trámite, un hasta la próxima. Algo animal, sin amor. Y de repente, esta cita...

Habían quedado en el parque del centro de la ciudad. El sitio era bonito, propenso a romances entre veredas y encuentros en recovecos custodiados por las flores. Se citaron en el banco de siempre, en aquél en el que ella se atrevió a besarle por vez primera. Aún recuerda el sabor de sus labios. Aún tiembla cuando recrea en su mente ese momento inolvidable. Aquella tarde no le importaría haber muerto pues había alcanzado la máxima felicidad que jamás había soñado. No podía existir nada mejor, nada tan sublime y maravilloso. Pero se equivocaba. Él la había conducido muchas veces a ese sitio donde todo es borroso, donde todo pierde su valor. Todo menos los besos, sus manos sobre su cuerpo, sus caricias, sus susurros…

Él ya estaba sentado en el banco. Llegó  primero. Ella se acercó, él levantó la mirada y sonrió. Fue una sonrisa breve, triste, apagada. Le tendió la mano y con suavidad le hizo sentarse a su lado. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Se marcha de mi lado? ¿Ya no necesita mi amor para vivir?

Él giró la cabeza. Le devolvió la mirada, fijando sus ojos en los de ella. Un segundo. Dos. Tres. Una eternidad. Temblorosa, asustada, intentó preguntarle…Él no le dejo hablar. Apretó sus manos con fuerza, las dirigió hacia su corazón. Mira como late, le dijo. Está vivo porque tú le das la sangre. ¿No lo notas? Cada latido es un beso que te da mi alma. Quiero que sea siempre así. Quiero recuperar tus ojos, tu cuerpo. Quiero amarte hasta perder la respiración. Quiero que todo sea como antes, como la primera vez, como el primer beso…¿Te acuerdas?

Ella acercó sus labios a los de él. Y volvió a suceder. El mundo desapareció mientras volvieron a quererse…

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: