Amor en la Edad Media

Amor en la Edad Media

En la actualidad, ponemos mucha atención en mantener una relación de pareja sana. Existen muchos libros y revistas que nos ayudan a mantener la pasión en el sexo y a tener contenta a nuestra pareja; sin embargo, el concepto que hoy tenemos de amor no ha tenido la misma interpretación años atrás. En la Edad Media, por ejemplo, lo que se conocía como “amor” sólo era considerado entre dos amigos varones, pues a la mujer se le tenía como un ser incompleto e incapaz de expresar este tipo de emociones.

Tan es así, que el matrimonio era algo completamente distinto a como lo conocemos hoy en día. Estaba permitido el concubinato, el adulterio, el incesto y un matrimonio podía unirse y separarse libremente. ¿La razón? Lo que pasaba es que por aquella época, el amor era considerado como un impulso irresistible de los sentidos, un impulso que difícilmente podía manifestarse en el matrimonio, el cual muchas veces era considerado por conveniencia.

La Iglesia nos propone un nuevo tipo de matrimonio

La Iglesia nos propone un nuevo tipo de matrimonio

La Iglesia durante la Edad Media reunió tantas tierras y seguidores que terminó convirtiéndose en un pilar fundamental para cualquier estado y sociedad. Los clérigos se convirtieron en consejeros espirituales y morales. Ellos marcaban la diferencia entre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Con sus sermones consiguieron explicar cómo era una correcta relación familiar y de pareja, así como las buenas prácticas sexuales.

La Iglesia se propuso acabar con las tradiciones provenientes de los bárbaros y sus prácticas, para ello la Iglesia elevó el matrimonio a una institución capaz de llevar al buen orden social y alejar a las personas de las prácticas poco deseables. Para asegurar la armonía y el buen desarrollo de la convivencia, las mujeres debían llevar una vida privada dentro de su casa para cuidar al esposo y a los hijos; mientras el hombre llevaría una vida pública, pues sería el encargado de mantener a la familia.

Un matrimonio sólo debería ser realizado entre un hombre y una mujer; de lo contrario, eran amenazados con la excomunión, una terrible pena en la Edad Media, y con la promesa de ir directamente al infierno por pecadores. También se prohibieron las relaciones fuera del matrimonio y se realizó un culto entorno a la virginidad de la mujer como una virtud que debía mantener antes de llegar al matrimonio.

Con el paso de los siglos, toda responsabilidad de castidad cayó en el lado de las mujeres, como una forma de asegurar la paternidad de los hijos, cuando este tema ni se pensaba tiempo atrás. Los castigos para los adulterios también estaban más enfocados a las mujeres que a los hombres, los cuales eran dueños del cuerpo de sus esposas.

Como parte del establecimiento del matrimonio, se realizaron tratados de cómo deberían ser las relaciones sexuales, las cuales carecían de todo goce o disfrute y sólo se realizaba el acto coital con finalidades reproductivas. Si no se tenía el objetivo de concebir un hijo, entonces debían evitarse por completo.

Características del amor cortés durante la Edad Media

Características del amor cortés durante la Edad Media

Aunque la Iglesia logró imponer su autoridad entre campesinos y artesanos con el fin de asegurar un orden en la sociedad. Los nobles pensaban diferente, ellos llevaban a cabo sus propias prácticas sin importar lo que la Iglesia marcara. Para la nobleza el matrimonio era más un acuerdo con fines políticos, y el amor no tenía nada que ver.

En estos ambientes aristocráticos, surge por el siglo XI el llamado “amor cortés”, que es una forma de refinamiento de amor entre un hombre y una mujer. Al contrario de lo que pasaba en el campo, donde la mujer le pertenecía al hombre y era reducida a un objeto de procreación, los nobles veían a las doncellas como un objeto de culto e inspiración.

Por su puesto, el amor cortés no tenía nada que ver con el matrimonio. Más bien, se daba cuando el hombre caía perdidamente enamorado de una mujer inaccesible, ya fuera porque ella estuviera casada o porque simplemente no correspondía a su amor. Sin que eso importara mucho, el enamorado prestaba juramento de amor a la dama a través de atenciones y muestras de cortesía, al grado de un sirviente con sufrimientos vergonzosos.

La mujer se convierte en la inspiración de los artistas y en un ser inaccesible; siempre distante y bella, tanto físicamente como en la moral. Este tipo de relaciones fuera del matrimonio podrían parecernos a nuestros ojos modernos como una versión romántica del amor, pero no era más que una forma de competición entre hombres para conseguir a una mujer como una especie de trofeo.

Como este tipo de amor casi nunca llegaba a consumarse, muchos señores animaban incluso a los jóvenes que aún no llegaban al matrimonio a que pretendieran a sus propias esposas como una especie de “juego”. Por supuesto, este tipo de amor tampoco es como el que conocemos en la actualidad, sino como una costumbre de competición y de simple distracción.

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