El amor mecánico conduce a los celos, la posesividad, los reproches, las exigencias, el egoísmo y las presiones más diversas, lo que a su vez conlleva todo tipo de conflictos. El enamoramiento nos toma y se nos impone por sí mismo; es una poderosa inclinación hacia una persona que nos causa deleite y, por tanto, ansiamos gozar de ella en los más diferentes sentidos. El enamoramiento es, pues, mecánico y pasivo. Por el contrario, el amor es una actitud activa y es un anhelo para que la persona amada tenga bienestar en todos los órdenes. El enamoramiento reclama; el amor da. El enamoramiento está más cerca de las sensaciones; el amor, de las emociones y sentimientos.

Puede haber enamoramiento con amor o sin amor. El enamoramiento sin amor, cuando se disipa, crea una distancia entre las personas. En el enamoramiento con verdadero amor, éste siempre predomina. En enamoramiento es inseguro, el amor es más seguro y menos contingente, y el amor consciente y con sabiduría es más pleno, generoso y seguro. A menudo lo que denominamos amor no es más que una transacción de compensaciones, prestaciones y contraprestaciones. El amor mecánico está frecuentemente coloreado por el egocentrismo, el egoísmo, la vanidad, la necesidad de imponerse, los reproches y exigencias, las espectativas, el desencanto, la necesidad compulsiva de ser aprobado y considerado y, a menudo, el resentimiento y la frustración.

El amor consciente se llama así porque se desenvuelve a la luz de la conciencia y la inteligencia clara, se libera de contaminaciones (celos, odio), trata de atender las necesidades de la otra persona, colabora en el crecimiento de la otra persona y pone más emfasis en dar que en tomar. Es un amor con sabiduría que deviene cuando estamos más integrados interiormente, más armónicos y libres de tantas espectativas. Va aflorando cuando resolvemos sentimientos neuróticos de soledad y carencias afectivas.

El amor consciente

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