contradicción

AMOR, CAOS Y CONTRADICCIONES

Fumaba casi con rabia un cigarrillo echado en la cama, rumiando mi decepción y la frustración que me embargaba motivado al abandono reciente de mí hasta ayer hogar feliz. Dos años de matrimonio cargado de emociones, de tantas cosas agradables y felices tirados por la borda y como no; momentos difíciles que en su momento habíamos sorteado con comprensión y aunado a esto, estaba el amor que nos había acompañado sin quebrarse, asentado, firme. Me levanto, me visto, salgo y pongo rumbo a mi casa.

El comienzo

Un cúmulo de circunstancias se aliaron, para convertir un matrimonio feliz en un caos que incluso nos tomó por sorpresa a ambos. Se dice que cuando uno va a caer no ve el hueco, colijo que eso fue lo que nos sucedió a nosotros. ¡Simple verdad! Quizás dentro de esa simpleza aparente estaba la verdadera causa de nuestra separación. Ni en mis pensamientos más peregrinos imaginé que algo cándidamente irresponsable nos destrozaría la vida.

Sentía la garganta abrazada por los efectos del fumar continuamente, fumando cigarrillos tras cigarrillos por lo que tiré el resto de este último. No dejaba de pensar, me mesaba el pelo caminando, desesperado, me sentía solo y esta soledad me pesaba como una tapia encima de la cabeza que amenazaba aplastarme, respiraba entrecortadamente por acción de la ansiedad y la angustia que sentía. ¡Por Dios tengo que calmarme, para alcanzar la serenidad que me hace falta para repensar mi vida!

El morbo que desquicia

El hombre sufre de un morbo desquiciante que lo empuja a buscar problemas cuando no los tiene, cuando su vida marcha tranquila y serena y no lo aprecia. Es precisamente esa displicencia la que lo perturba. ¿Es un contrasentido? ¡Sí! Porque somos contradictorios. ¡No estoy descubriendo nada nuevo bajo el sol! La tragedia comienza cuando en mala hora, la empresa donde trabajo decide contratar una secretaria como mi asistente. Una muchacha agraciada, lindo cuerpo, de cara lozana y bellos ojos negros achinados, pelo cortito color castaño, nariz pequeña y boca grande de trazo perfecto.

Soy jefe del departamento de contabilidad de la empresa, tenía tanto trabajo que precisaba trabajar horas extras para mantener al día las tareas del departamento. Con la llegada de Elsa que así se llama mi secretaria, hubo de ponerse un escritorio más en mi oficina con todo lo necesario para que ella hiciera su trabajo. Por supuesto el día a día con ella trabajando juntos nos acercó peligrosamente, se fomentó la confianza, a los tres meses ya no era el señor Rodríguez sino Alberto, casi sin darnos cuenta una cosa nos llevó a la otra.

El solaz que conduce al descuido

Mi vida antes de este episodio era un mar de tranquilidad, discurría plácidamente, sin sobresaltos. Lo que no debemos olvidar las personas es que; cuando todo es calma estamos expuestos al descuido que nos produce el distendimiento y el solaz. Entonces empezamos a mirar a los lados, curioseando en busca de cosas y placeres nuevos. ¡Qué necedad! Si tienes todo lo que necesitas porqué la búsqueda. A través de todos los tiempos el hombre ha demostrado este espíritu de contradicción, cuando mejor está comete los mayores errores para perjuicio propio o de los demás.

La situación se me escapó de las manos, el chisme corrió por todo el departamento, el amorío entre Elsa y yo trascendió y fue cosa de tiempo que Lydia mi mujer se enterara de todo. La consciencia me perturbaba, me sentía mal, no podía mirarle a la cara, mi remordimiento era atosigante, me volví huraño, mal hablado. Ella solo callaba y me miraba con expresión dolorosa, sin un reclamo, convirtiéndose en una sombra de la mujer alegre, amorosa y comunicativa de antes. Mi mundo se me derrumbó encima, ya no podía con mi culpa. Yo la amaba demasiado, cuanto me dolía verla sufrir.

Los errores tienen un precio

Introduzco la llave y empujo la puerta, penetro en mi casa como en los últimos meses, pesadamente, encorvado, cansino; no por el trabajo sino por mi estado anímico. Busco a Lydia por toda la casa y no está, me dirijo a nuestras habitaciones, encuentro el closet abierto; su ropa no está. Se me arruga el corazón, luego empieza a latir desaforadamente, parece que se me va a salir del pecho, siento que me duele. Sobre la cama encuentro una carta, la tomo entre mis manos, me siento en la orilla de la misma y leo.

La carta

Alberto, hoy he tomado la decisión más importante y dolorosa de mi vida, nunca imaginé que nuestra unión terminara así de forma casi inexplicable, no quiero ahondar en los motivos, tú los conoces y yo también, sería; darle la relevancia que no tiene, yo; te amo y sé que tu también me amas. Tómate el tiempo que creas conveniente para que decidas nuestras vidas. Pero si dejaste de amarme no me busques yo comprenderé. Estoy alojada en… Siempre tuya, Lydia.

El comienzo de una nueva vida

Hundo mi rostro entre las manos, llorando amargamente por la traición y mi acción estúpida de poner en riesgo mi vida ¡Porque mi vida es Lydia! No concibo la vida sin ella. Mi corazón destilaba arrepentimiento. ¡Dios! Que tonto he sido. Ya tomé mi decisión: Renunciaré a la empresa, este episodio de mí vida está terminado. Buscaré a mi mujer y nos iremos a otra parte a rehacer nuestras vidas. Afortunadamente la vida ha sido benevolente conmigo y me permite rectificar. Salí barato. Aprendí mi lección.

mancha1

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