El amor y la alquimia

El amor y la alquimia

El amor y la alquimia

El amor y la alquimia

El amor y la alquimia

EL AMOR Y LA ALQUIMIA.

El Amor y la alquimia como fuerza humana.

Cuando se habla de humanidad el pensamiento se posa en lo colectivo sin considerar al individuo y el conocimiento de su esencia –que de ser desarrollada en la conciencia--, fortalecería el conjunto sustentado en una evolución espiritual.

El individuo se forma en una sociedad regida por el miedo y la culpa que hacen del amor una vergüenza incrustada en la garganta, donde germina y termina por amordazar toda vía de comunicación auténtica. Entonces emerge un ser que huye de su verdad y en su incesante carrera por escapar de sí y encajar con el molde que lo convierte en un ente aceptado, se encuentra con lecciones y maestros de vida cada vez más duros, adecuados a la necesidad de aprendizaje personal. Por lo tanto, es indispensable responsabilizarse de sí mismo, asumiendo heridas, miedo y confusión; peregrinar por un sendero desconocido, confiando en la Sabiduría Divina, latente en el soplo ancestral que nos anima. Caminando en la sombra de lo desconocido afloran la desconfianza, el miedo y el desamparo hasta que aceptamos que la oscuridad y sus aflicciones pueden convertirse en maestras de luz para el viajero que ha encontrado en su corazón la mansedumbre y humildad que anteceden a las revelaciones del verdadero despertar espiritual. Entonces se encuentra en el camino de la alquimia con que el Ser Supremo creó el Cosmos reproducido infinitamente en todo existente. De este modo descubrimos que para renacer transformados, la vasija debe romperse; que el amor es la llave del conocimiento, pues de él surgen todos los dones, pilares de la creación. El amor es la Fuente misma; pero para encontrarlo es necesario aprender a amar lo que somos y eso se consigue en el rudo aprendizaje del caminante en que la esencia se muestra para constituir el vaso nuevo.

El encuentro entre el espíritu y el Amor de la Fuente hecho patente en el mundo tangible ocurre después de crepitar en el fuego, medio en que se purifica el oro.

Al vivir la alquimia y comprenderla, el individuo interioriza las vivencias teniendo en cuenta en todo momento las argucias del ego.

El espíritu reconocerá en él a un maestro. Así, cuando el ego diga: “Renuncia”, el espíritu entenderá: “Persevera”; cuando el ego proclame: “Desconfía, no es para ti”, “es ridículo”, el espíritu entenderá: “Ten fe”, “vale la pena intentarlo porque merezco lo mejor”, “el amor me guía con su intuición, creatividad y hermosa libertad de ser”. Este proceso transformará la sombra en maestra y paso a la luz mediante el enfoque correcto de la intención y la atención.

Comprendí esto en medio de una gran tormenta y una nube que no se disipó hasta que la convertí en aliada y puente hacia la dicha de quien confía en la Sabiduría Divina.

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