Ambiente Remoto

Recuerdo también en el tout va bien a Bigotes, legendario, insondable, tosco e imperturbable tabernero, quien así todos llamábamos familiarmente, por su denso mostacho. Con su gastado uniforme de chaqueta blanca y pantalones negros, atendiendo con pausada calma simultáneamente la registradora o las pocas mesas del reducido establecimiento aledaño a las seis martirizadas y tradicionales canchas de bolos. Famosos eran los sándwich de carne asada y pan francés pequeño, de los que hoy poco se conoce, que bajábamos con cerveza negra helada entre jugada y jugada, o las empanaditas doradas y crocantes servidas con algunos cascos de limón en pequeños platos de gastadas vajillas que conocieron tiempos de esplendor, en el clásico ambiente compacto, sonoro y explosivo del boliche.¡ moñona, me debe una maestro¡

Apacible transcurrir protegidos en cápsulas intemporales de tardes sucesivas, observando confortablemente el diario fluir del invariable acontecer. Sin remordimientos malignos por la adherida ociosidad. Bisoños desprevenidos en luchas futuras de inevitables pesadillas, desnudos a cualquier prevención. Hoy ya curtidos, con indelebles cicatrices que innato trae la vida, semejante a flagelada piel de gladiadores insurrectos, donde la credibilidad se tradujo en empresa compleja difícil de asimilar, por que todo ha sido consumado.

 

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