Todos conocemos del interés que despierta un acontecimiento tal como un MUNDIAL de fútbol. Personas de diferentes países se reúnen frente al televisor y en las gradas de los estadios para animar a su afición, estar más cerca de sus jugadores preferidos e incluso los hay que disfrutan viajando hasta los destinos sin pensar en perderse ningún encuentro y celebrar los victorias de sus selecciones en vivo y en directo.

Este año le tocó a BRASIL y como ocurre con cualquier anfitrión en este tipo de eventos internacionales tuvo que prepararse para albergar tal acontecimiento. Esto requería la construcción de varias infraestructuras que permitieran celebrar los partidos. Hasta ahí todo correcto. Pero lo que no se ha dado a conocer y suele quedar eclipsado por la celebración de un evento de este tipo es que en las obras de construcción de estos estadios fallecieron un total de 8 trabajadores por causas relacionadas con las condiciones de trabajo. Tres de ellos murieron en la construcción del “ARENA CORINTHIANS”. A dos de ellos les cayó una grúa encima mientras que el tercero se precipitó desde una altura de 4 metros. Otros cuatro perdieron la vida en el Estadio “ARENA AMAZONIA”, en Manaos. Y, el último, en el Estadio Nacional de Brasilia.

Tras el suceso, las autoridades brasileñas, a través del Ministerio de Trabajo y Empleo paralizaron las obras y exigieron a la contrata una rápida revisión y adecuación de las medidas de seguridad, así como la colocación de redes de prevención en el recinto de los estadios. Ésta fue una de las razones por las cuales poco antes del inicio del Mundial, el día 12 de junio, el Estadio “Arena Corinthians” aún no había finalizado las obras de construcción previstas. Además, este estadio figuraba como el lugar elegido para ser sede inaugural del Mundial.

Lo amargo del Mundial

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