amantes

Amadeus introvertido,enigmático

Amadeus era un hombre de una edad indefinida entre 35 y 40 años. Introvertido, de una personalidad enigmática, poseía una mirada profunda, pareciera que mirara dentro de la gente, que esculcara tratando de adivinar en los pensamientos de los que se encontraban a su rededor. De pronto se quedaba sin mirar, ni estar atento a lo que pasaba en su entorno, lo que realmente era una actitud aparente, en ese momento estaba más concentrado que nunca en el objeto de su atención. Desde temprana edad le había fascinado observar casi con insolencia a la gente que pululaba al alcance de su mirada, caracterizada por unos ojos pardos, rutilantes, punzantes, cuando algo le llamaba la atención, los entrecerraba haciendo más aguda su forma de mirar.

En todas las etapas de su vida dejaba traslucir esta forma de observar, personas, cosas, circunstancias, que luego se convirtió en una facultad, en un desarrollo notable de sus facultades, de esa habilidad especial, casi un prodigio de adivinar en los pensamientos, sentimientos y emociones de los demás. Hombre de éxito en la interrelación con el resto de la humanidad, sensible en grado sumo con el comportamiento ajeno, lo que algunas veces le atrajo miradas de desconfianza en su círculo de trabajo y hasta el de sus amistades y familia.

Hoy se encontraba sentado indolentemente, con cara de aburrimiento en un rincón de un pequeño bar de apariencia íntima, lejos del mundanal cotidiano, estaba pensando sin pensar en nada determinado, solo divagaba saltando de un pensamiento a otro de manera aleatoria- en este momento estaba mirando el fondo del vaso del trago que estaba tomando- luego- pensaba que la soledad sentimental que lo aquejaba en este momento, estaba dejando huella en su vida de manera evidente, su ánimo estaba en una escala peligrosamente bajo, lo cual lo hacía estar deprimido y con el carácter irascible, algo no acostumbrado en su manera de ser.

La aparición de Mariel

El ambiente del bar era acogedor, con una luz tenue y el aire acondicionado en su temperatura exacta. Amadeus, se encontraba jugueteando entretenidamente con un bolígrafo sobre la mesa, una ráfaga de aire caliente penetra de pronto, consecuencia de la entrada de una mujer, con un descotado vestido color azafrán y zapatos altos, los cuales la hacían ver más alta- se quedo parada por unos segundos cerca de la barra del local, para acostumbrarse a la media penumbra existente. Echa a andar con paso felino, seguro y, se sienta en la barra- acude solícito el barman- ella- por favor, una copa de vino blanco. Una vez servida, mira entretenidamente alrededor- se encontraba en diagonal con la posición de Amadeus- este la mira atentamente sin disimulo- ella deja resbalar su mirada, simulando indiferencia- Amadeus, la hace objeto de un examen minucioso- observa que su tez es blanquísima, senos bien proporcionados, cintura estrecha, unas pantorrillas torneadas hermosas como de bailarina de ballet-particularmente para su gusto invaluables.

Su rostro muestra, unas cejas arqueadas, nariz pequeña, boca muy grande- me encanta- ojos negros, pelo negro. No era una mujer bella desde el punto de vista clásico de los cánones de belleza universal pero; a Amadeus le parecía que ella representaba para su real ver, la mujer de sus sueños, la que había soñado toda su vida, su sueño hecho realidad. Intuía que no le era indiferente- algunas veces la pilló mirándolo a hurtadillas- que hacer- Tenía que planear una estrategia de abordaje, pensaba- bien, ahora o nunca- se puso de pie y se dirigió rectamente a la barra, justo donde ella se encontraba.

amantes felices

Buenas tardes, señorita, como está- ella lo mira sorprendida- ah, hola que tal- Permítame presentarme; Amadeus, tendiéndole la mano- la muchacha duda primero,-luego- le tiende su mano diminuta, fina, bella, Mariel, musita con hermoso timbre de voz- se queda mirándolo inquisitivamente. Amadeus sufre un escalofrío- se repone de inmediato, prosiguiendo- Mariel mira a tu rededor, que vez- ella- que estamos solos los dos acá- bien te invito a que me acompañes a mi mesa, me siento muy solo allá- poniendo cara compungida (fingida).

Mariel hace una exhibición magistral de su perfecta dentadura, plegando sus labios en una linda sonrisa- que propones hacernos compañía, advierto- no tengo mal de amores- ¿y tú?- Nada que ver, contesta Amadeus divertido. Al parecer se conjugaron varios factores de las leyes universales de la atracción para que Amadeus y Mariel se encontraran en una atmosfera llena de los mejores augurios para una indudable conexión de sueños y deseos, que serán garantía de su relación a futuro.

mancha1

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