Alice y Amy se enamoraron, casaron y...

Las canadienses Alice MacLachlan y Amy Noseworthy se enamoraron, se casaron en 2010 y desde el principio supieron que querían tener hijos. Sin embargo, no esperaban que el proceso fuera a ser tan largo. Más de dos años después, en marzo de 2013, Alice dio a luz a Emmylou.

Y lo logró siguiendo un método mucho más básico de lo intentado hasta entonces: con una jeringuilla que les costó US$1 y haciendo la inseminación en casa con el semen de un amigo. Hasta llegar a ese punto, sufrieron la frustración de ver que las clínicas de fertilidad de su país no resolvían su deseo de ser madres.

"Turismo reproductivo"

Es una tendencia que se está extendiendo de tal manera que generó un término propio: turismo de fertilización o reproductivo. El aumento del número de personas que requieren del servicio de los bancos de donación de esperma u óvulos coincide con la proliferación de leyes que regulan la reproducción asistida, dando lugar a este fenómeno en el que las parejas que no pueden satisfacer en sus países el deseo de tener hijos, recurren al extranjero para hacerlo.

En el caso de Canadá, la ley de Reproducción Asistida Humana aprobada en 2004 es tan estricta que la mayor parte del esperma que hay en sus bancos de donación es de origen estadounidense. Una de las restricciones que establece la ley es que no se puede pagar a los donantes, de ahí que casi todas las muestras procedan de EE.UU.

Así lo explica Haimant Bissessar, director del banco de esperma Can-Am Cryoservices con sede en la localidad canadiense de Hamilton, Ontario. Este banco tiene más de 2.500 muestras de semen almacenadas en largos tubos de ensayo de cristal colocados en tanques de nitrógeno líquido.La empresa importa esperma de bancos de todo EE.UU. y lo vende a los canadienses.

"Fíjense en esto: la ley federal convierte en delito penal comprar esperma u óvulos de un donante -o una persona que represente a un donante- en Canadá.

"Pero es perfectamente aceptable para los canadienses comprar esperma de EE.UU., donde sí se paga a los donantes, para ayudarles a concebir", criticaba recientemente la periodista Carly Weeks en The Globe and Mail.

Alice y Amy

Pero la legislación canadiense también tiene sus defensores.

"En nuestro país no vendemos sangre, no vendemos órganos. En ese contexto, los gametos y los embriones se consideraron también partes del cuerpo, y no queremos crear un mercado de partes del cuerpo", le dijo a The World, programa de la radio pública estadounidense PRI en coproducción con la BBC, Françoise Baylis, profesora de biotética en la Universidad de Dalhousie en Halifax y que colaboró con el gobierno en la elaboración de la ley.

Proteger la salud y la seguridad

La ley de reproducción asistida se aprobó con el objetivo de "proteger la salud, la seguridad y los valores canadienses". Sin embargo, sin ser la intención de los legisladores, el hecho de que la normativa sea tan exhaustiva tiene consecuencias para las parejas que acuden a clínicas de fertilidad, en especial las formadas por personas del mismo sexo.

Alice MacLachlan y Amy Noseworthy se lo cuentan a Andrea Crossan, periodista del programa The World. En un principio, se dirigieron a una clínica de fertilidad para iniciar el proceso de inseminación y dijeron que ya tenían al donante, un amigo. En la clínica les dijeron que el chico se tenía que someter a distintas pruebas, entre ellasla de VIH y la hepatitis C. "En cada fase del proceso, todos nos decían que era una idea peligrosa, que era arriesgada, que teníamos que tener cuidado", recuerda Noseworthy.

Pese a no ser ella quien se quedó embarazada, también tuvo que hacerse varios análisis de sangre y ambas tuvieron que entrevistarse con trabajadores sociales y someterse a pruebas genéticas.

Se alarga el proceso

La ley canadiense no sólo prohíbe pagar a los donantes de esperma u óvulos, sino que establece otra serie de requisitos que hacen que el proceso se alargue. A los análisis de sangre y las pruebas genéticas se les une el proceso de cuarentena, que consiste en que el esperma se congela y se almacena durante 6 meses. Pasado ese tiempo, la muestra se descongela y se vuelve a analizar, para ver si el esperma es válido. Todo esto, además de mantener a las parejas en espera, aumenta el gasto económico.

Una solución más barata y sencilla

El centro de fertilidad Hannam, con sede en Toronto, se comprometió a ofrecer servicios que tengan más en cuenta a la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). Se le quiere dar un enfoque más de medicina familiar al proceso, pero de igual manera habrá que cumplir la ley.MacLachlan y Noseworthy resolvieron su problema con una jeringuilla que les costó apenas un dólar.

Para el siguiente hijo tienen muy claro que seguirán el mismo proceso. "No exploraremos una clínica", dice Noseworthy. "Iremos directamente a la opción exitosa. No cambiaría nada de lo que hicimos, ¡tenemos una niña tan buena!". Fuente Historia: BBC Mundo

mancha1

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