La elección ya finalizó, las incógnitas se despejaron y el resultado fue claro: Francisco De Narváez logró lo que apenas un tiempo atrás parecía improbable, contribuyendo a dejar gravemente herida a la causa Kirchnerista.
En estás líneas se intentan bosquejarán algunas claves para avanzar en la comprensión de ese hecho que –sin duda– marcará un hito en la agitada vida política de nuestro país.

1. Aciertos en la estrategia de la fórmula De Narváez-Solá

•En primer lugar, hubo un acierto primario y estructural: la idea misma de fusionar al Pro y al Peronismo disidente. Aunque, como en todo acuerdo entre fuerzas con cierto grado de disimilitud dicho acuerdo originó tanto ganancias como pérdidas, la ecuación final pareció claramente favorable en términos del caudal electoral resultante.
•En segundo lugar, Francisco De Narváez habría acertado también en posicionarse tempranamente como alguien que aparecía especialmente preocupado por el flagelo de la inseguridad. La creación del “mapa del delito”, más allá de las reservas que se le pueda objetar, operó como una acción que permitió tangibilizar la idea, transmitiendo la sensación de que el candidato no sólo “discurseaba” con el tema, sino que estaba realmente decidido a pasar a la acción.
•Otro acierto de importancia radicó en posicionarse como un político que se plantaba ante al poder Kirchnerista “de igual a igual” atacándolo en varios frentes que -en cierta forma y en términos del imaginario discursivo- parecían desbordar el ámbito de injerencia propio de un legislador, para discutir sobre temas puntuales que (desde tal nivel imaginario) parecían más circunscriptos al ámbito de la gestión del ejecutivo.
•Más específicamente: De Narváez tuvo la inteligencia de mostrarse como un líder propio (o como su propio líder) capaz de enfrentar de igual a igual al líder poderoso (Kirchner) que parecía invencible e infalible. Esto, contribuyó a posicionarlo como un “rival poderoso” y, por ende, influyó a su favor en la medida en que para la “dramática” o el “imaginario” con que parte de la opinión pública opositora seguía la elección, la mejor garantía para vencer a un rival poderoso era aparecer como igualmente poderoso.
•En consonancia con lo anterior, otro probable acierto de De Narváez radicó en mantener dentro de su objetivo a un adversario único (el Kirchnerismo). No haber caído en la tentación de atacar a la fórmula de Stolbizer-Alfonsín (al menos durante la mayor parte de la campaña) pareció arrojar un saldo positivo.
•En otro nivel de análisis, la campaña de De Narváez pareció haber sido encarada de modo altamente profesional, lo cual supone un despliegue orgánico de estrategias y acciones tácticas, hecho contrastante con el típico carácter asistemático e improvisado que suele caracterizar a la mayoría de las campañas políticas en el país.
•Por último, no puede soslayarse lo que constituyó una de las principales fortalezas a favor de la candidatura De Narváez-Solá: su omnipresencia mediática. Por supuesto, resulta problemático dirimir si se trató de un acierto o –simplemente– de una simple fortaleza basada en el poder económico del candidato, que derivó en una ventaja superlativa respecto a otras fuerzas políticas que tuvieron que resignarse a acciones más “artesanales”.

2.Factores exógenos que favorecieron a la fórmula De Narváez-Solá
•Entre los factores externos que habrían operado a favor de la fórmula De Narváez-Solá, en primer lugar, debe destacarse la “pequeña ayudita” generosamente dispensada por Néstor Kirchner y sus socios políticos, al encumbrar la figura de De Narváez a la categoría de “víctima inocente del arbitrario poder kirchnerista”.
•En efecto la tan burda como frágil maniobra de adelantar oportunistamente los tiempos de la justicia para vincular a De Narváez en la causa por la efedrina generó que, a modo de “efecto boomerang, el candidato empresario terminara sumamente fortalecido. Y todo porque el ex Presidente volvió irreflexivamente a incurrir en el mismo error de agigantar a su oponente, desacierto ya cometido en 2007 durante la campaña por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (cuando con su recurrente y obstinada descalificación de Mauricio Macri -“Mauricio es Macri” y otras perlitas por el estilo- terminó contribuyendo a la creación del enemigo que luego lo devoró a través de increíbles guarismos de 45% y 60% obtenidos, respectivamente, en primera y segunda vuelta)
•Por otra parte, y aunque parezca un dato menor y/o discutible, no debería descartarse el “pequeño empujoncito inesperado” producto de la presencia en “Gran Cuñado”. Por supuesto, muchos puristas del análisis político tenderían a soslayar la existencia de tal efecto esgrimiendo la cuasi muletilla que reza “eso no es determinante del voto de la gente”. No obstante, parafraseando esa sentencia filosófica de que “todo lo que existe, existe en alguna medida”, no parece demasiado desatinado conjeturar que alguna porción de esos 2.5% de diferencia a favor que permitieron el triunfo, pudieran deberse a la presencia mediática de ese émulo, que con su tremenda simpatía quizás complementó cierta “distancia” del candidato verdadero.
•Ante ese fenómeno mediático no intencionado, tampoco puede dejar de considerarse la sinergia positiva dada por cierta amalgama entre azar e inteligencia del candidato para capitalizar un efecto a su favor. Quizás De Narváez tuvo bastante suerte en que su parodia quedara en manos de alguien que no sólo evidenció una clara capacidad para transmitir alegría y humor sin menoscabar la figura del candidato real imitado, sino que –además¬¬– se reveló como un eximio co-creador espontáneo de eslóganes pegadizos capaces de propagarse en tiempo record por efecto contagio (ie: “votame-votaté”, “alica-alicate”). Por supuesto, un último destello de acierto permitió a De Narváez saber capitalizar a su favor este efecto inesperado, incorporando con perspicacia al discurso de campaña real aquello que ya había sido consagrado por un vasto sector del público televidente que, a la vez, era también público votante.

3. Desaciertos de la fórmula de De Narváez-Solá
•Por supuesto, hubo también notables falencias en la campaña de quien se erigiera como ganador el pasado 28 de junio:
•En primer lugar, el manejo de la denuncia por el caso de la efedrina fue bastante ambiguo. El más elemental sentido común prescribe que, cuando alguien es totalmente inocente y tiene una conciencia limpia, sus respuestas deberían ser naturalmente simples, serenas y explicativas. En contraposición, lo último que se debería hacer ante dicha situación es escudarse en el latiguillo de no decir nada porque “ya he puesto toda la documentación a disposición de la justicia”. Si bien las respuestas posteriores de De Narváez se encuadraron en aquel estilo simple y llano, al inicio pareció enredarse en ese supuesto “error por omisión” que al escamotear la respuesta certera genera una resonancia ambivalente y, por lo tanto, resulta una estrategia defensiva bastante deficiente.
•Otro gran desacierto fue el “ninguneo” hacia la figura de Felipe Solá. En este aspecto quizás hubo dos errores: primero, el hecho mismo y, segundo, la negación casi pueril del mismo:
-Respecto de lo primero, la supuesta estrategia de “desperonizar la campaña” a costa de una cierta “traición” a compromisos previamente pactados resultó una maniobra riesgosa cuyos efectos negativos resultan difíciles de precisar pero que, prima faccie, parecen mayores a lo que supuestamente se habría obtenido a cambio.
-Adicionalmente, cabe señalar que podrían haber existido modos más inteligentes y sutiles de “desperonizar la campaña” sin incurrir en la torpe maniobra de esconder al compañero de fórmula Felipe Solá.
-En cuanto a lo segundo, el más elemental conocimiento de la lógica intencional de la opinión pública indica que una de las peores afrentas que se le puede realizar a la ciudadanía es la negación de lo evidente (en la que los Kirchner son especialistas), dado que se percibe como un insulto a la inteligencia. Ese, fue uno de los errores más burdos de la campaña de De Narváez y proyectó –en un algún segmento de votantes– una imagen negativa de poca seriedad asemejándolo a la figura del típico político (“versero”, poco creíble y, además, capaz de traicionar a su propio aliado por un afán protagonista).

4.Síntesis: ¿Por qué ganó De Narváez?
Como en cualquier ámbito de la acción humana, en la estrategia de campaña de la fórmula de De Narváez-Solá hubo aciertos, errores e imponderables fuera del control, por parte de quienes diseñaron y ejecutaron dicha estrategia.
Quizás la clave del triunfo surja de considerar que los aciertos propios junto a factores externos que jugaron a favor, contrarrestaron ostensiblemente algunos errores que podrían haberse evitado.
En este articulo se ha intentado analizar con cierto detalle de qué modo se expresó cada unos de esos factores.

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