Alguien tenía que decirlo, y he pensado "¿por qué no yo?" Todos conocemos la tendencia natural del ser humano a simplificar según qué cosas con el fin de sentirse mejor, lleno de vida, completo, realizado. Sentirse bien en general, vaya. Sin embargo creo que a veces esto se nos va de las manos y alcanzamos algunos niveles de fantasía que, lejos de ayudarnos a mejorar nuestra integridad psicológica, nos pueden conducir a verdaderas situaciones de vacío existencial. Y es que es así, últimamente hemos adquirido una nueva y extraña tendencia. Tendencia a llamar a algunas cosas de cierta manera, cuando en realidad ni se merecen ni es correcto asignarle tales nombres. Llamamos 'felicidad' a cosas que, probablemente, ni se parecen al verdadero y todavía oculto significado de ésta. Los 'amigos' pueden ser conocidos, gente que nos cae bien, personas con las que pasas buenos ratos, pero hay algo que marca la diferencia, algo que simplemente sabemos sin necesidad de pensar siquiera en ello, algo que nos indica sin lugar a dudas quienes son los verdaderos amigos. Confundimos también en ocasiones el cariño con el amor. Por favor, AMOR, estamos hablando de palabras mayores. De un sentimiento aún mayor. Parece que si en una relación no se habla de amor y de un 'para siempre' desde el principio, la confianza y otros valores quizá más importantes pierden totalmente su prioridad.

Quizá nos resulta más fácil así, porque de lo contrario significaría que nuestras vidas están tristemente vacías. Pero no hay nada de malo en asumir ciertas cosas, como que no tenemos cientos de amigos, sino los justos. Que no podemos encontrar la felicidad en su plenitud, pero que disfrutar de ella a nuestra manera tampoco está tan mal. Y que quizá preferiramos un 'te odio' entre líneas a un 'te quiero' entre mentiras.

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