Una Vision Del CIne

Los billones que devora el cine es testimonio de el tamaño de las ambiciones que se desarrollan en Hollywood. Grandes fantasías son producidas por el avance de la tecnología junto a métodos eficaces desarrollados por pasadas generaciones. Pero antes de indagar más en la actualidad debemos retornar al pasado, justamente en albores del séptimo arte, en la cual predominaba la visión de los hermanos Lumière. Cuya visión no asemejaba a los dolares que se dibujan en las pupilas de la gran y toda poderosa Hollywood.

Los hermanos Lumière presentaron su proyecto ante el mundo desde el Salon indien du Grand Café(28 de Diciembre de 1895) con la proyección de diez cintas. En un principio el salón apenas presencio a 33 espectadores intrigados por el nuevo invento. La sorpresa invadió la mente de los espectadores al ver por primera vez una representación tan clara y realista de la realidad; la salida de la fabrica por unos obreros, el lloriqueo de un niño, y por supuesto, la venida de un tren a toda velocidad. Aquel ultimo hacia temblar a todos los hombres sentados delante de la gran pantalla(se suele decir que algunos corrieron despavoridos por sus vidas). El salon en unos pocos dias formo inmensas colas.

Se pudo demostrar que el invento de los Lumière podía manipular las emociones del publico según el contenido reproducido, superior a medios como el teatro, la poesía y literatura. Lastimosamente este dato paso desapercibido por las narices de los hermanos, esto se realza con la famosa frase de Auguste Lumière:<<”Mi invento no es para venderlo. Puede ser explotado durante algún tiempo como curiosidad; aparte de eso, no tiene ningún futuro comercial”>>.

Cinta De los Hermanos Lumiére

Auguste carecía de visión. El no pudo percatarse que su invento tenia la posibilidad de crear grandes historias. Pensaba más desde una perspectiva científica. Auguste planeaba capturar retratos costumbristas con el fin de archivarlos para el estudio de las siguientes generaciones, como prueba viviente del pasado. Es más la única cinta que atendía a las emociones del espectador directamente era El Regador Regado; un simple jardinero se encontraba regando el jardín hasta que un sujeto que se cree bromista le hace una jugarreta con la manguera, mojandole, pronto los dos se ven envueltos en una persecución.

La visión de Auguste fue la que prospero durante 1895-1900, provocando un estancamiento en el cine. Los plagiadores copiaban la formula; filmar un documental para llenar sus arcas, sin recurrir al invento de nuevas historias o cambiar la manera en como se desarrollaba una cinta. Sin ningún genio, pronto la frase de Auguste se cumpliría y el cine mermaría en el océano de la moda. Así era aquel destino, hasta que una estrella nació para tirar del mermante barco cinematográfico. Aquel era el ilusionista avezado Georges Méliès.

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